Una nota publicada el jueves da cuenta de que las personas que cruzan a través del paso fronterizo de Kasani, en el municipio paceño de Copacabana, lo hacen sin ningún tipo de control, pues éste se limita únicamente a quienes viajan en vehículos particulares o del transporte público. Esto pone en evidencia la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran los niños, adolescentes y mujeres que se trasladan hacia Perú o en dirección contraria, más aún tomando en cuenta la existencia de conocidos centros de explotación sexual a lo largo de la frontera, como La Rinconada, en el lado peruano. En su descargo, personal de la Policía y de la Dirección General de Migración (Digemig) consultados por este diario señalan que actúan cuando son testigos de alguna situación sospechosa, como cuando un niño cruza la frontera con una actitud temerosa o sollozando. Reacción a todas luces insuficiente para prevenir que las personas (en particular niños, niñas, jóvenes y adolescentes) sean trasladadas contra su voluntad para fines ilícitos y degradantes, como trabajos de alto riesgo, redes de prostitución o incluso para la venta de órganos. Urge en este sentido insistir en la necesidad de que el Estado destine muchos más recursos para contrarrestar el avance de este macabro negocio, y en particular en los puntos fronterizos.
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