Parecería que todas las furias se han desatado contra la sede de gobierno. La lista de pequeños conflictos suma y sigue. A la hora de escribir esta columna están en pie de combate un sector de pobladores de Achacachi, comunarios y transportistas de Río Abajo, vecinos de Copacabana y Laja, así como de una comunidad de Ichilo. En el ámbito nacional se suman los universitarios, etc. Y en puertas están las movilizaciones de los choferes paceños que demandan subir sus tarifas.
Los más perjudicados son los ciudadanos de a pie y las movilizaciones son contra todos los niveles del Estado, es decir, contra el MAS y contra los enemigos del partido oficialista. Pero, ¿qué hay detrás de estos movimientos? Por supuesto están los políticos que siempre quieren pegar su goma de mascar y demandar lo que les conviene. Sin embargo, ellos actúan sobre molestias ya existentes. Molestias que mal conducidas terminan en actos de violencia que, por supuesto, la ley debe castigar. No es posible quemar sindicatos o apedrear buses PumaKatari sin que haya una sanción por estas barbaries.
Pero creo que en el análisis falta lo central, el componente económico. Aunque la baja de los hidrocarburos ha sido fuerte, no es el Gobierno central el que más ha sufrido, ya que este rubro solo aporta un 18% del total de los ingresos nacionales. No, quienes realmente pagan los platos rotos son las alcaldías y las gobernaciones, que no pueden implementar un montón de proyectos y dejan a una gran cantidad de mano de obra sin ocupar.
Septiembre y octubre son meses calientes, sobre todo en el occidente de Bolivia porque ha terminado la siembra, lo que posibilita que haya mucha mano de obra que puede acudir a las medidas de presión. Sin inversión en los municipios y existiendo un universo de expectativas que ha crecido en gran medida durante este gobierno, las protestas seguirán.
¿Qué queda? Realizar un gran proyecto de inversiones para poder potenciar la economía. Eso se conseguiría por ejemplo a través del biocombustible, del etanol que reemplace a la gasolina que importamos y que mezclada con la que producimos podría oxigenar el combustible que usamos. Además, podría utilizar cerca de 200.000 hectáreas de tierra para dar trabajo a más bolivianos y ayudaría a la eliminación de gases de efecto invernadero.
Y hay que utilizar las reservas internacionales que están en el Banco Central. Haciendo honor a su nombre, éstas sirven para los momentos donde las vacas no son tan gordas. Más inversión, más trabajo, Keynes puro. Pero habría que ampliar el concepto a menos conflictos, menos movilizaciones, menos vandalismo.






