Para cuando este diario entre en circulación, en España el pueblo catalán ya estará comenzando a tomar las calles. Para hoy estaba fijada la realización del referéndum para decidir si Cataluña se independiza de España. Al momento de escribir estas líneas era difícil saber si la votación se realizaría o no, pero lo cierto es que esta jornada será histórica.
Proponiendo que el pueblo responda a la pregunta “¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de República?”, el Gobierno catalán ha logrado movilizar a gran parte de la población en favor del derecho a decidir, democráticamente, si su nación cultural se convierte en Estado independiente. No ha sido solo la exitosa propaganda independentista que el Gobierno ha difundido en las últimas dos décadas, sobre todo ha sido el desacertado modo en que el Gobierno español ha reaccionado a la amenaza que representa el referéndum para la unidad nacional.
Las encuestas divulgadas en semanas anteriores le otorgaban una ventaja al voto por el “no”. Sin embargo, está claro que luego de que se detuviera a alcaldes y a otras autoridades, se secuestraran papeletas y ánforas y, sobre todo, se movilice a fuerzas policiales de otras partes del país, además de los Mossos d’Esquadra locales, para impedir que los recintos electorales abran hoy, la mayoría se decanta por defender su derecho a decidir, a ejercer el voto.
El Artículo 155 de la Constitución española señala que cuando “una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España”, tras cumplirse algunos pasos, incluyendo la aprobación por mayoría absoluta del Senado, el Gobierno “podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”, lo cual explica las medidas adoptadas, pero significa un punto de quiebre más entre el Gobierno nacional y la Generalitat de Cataluña, cuyo presidente ha señalado enfáticamente que el mandato de hoy proviene del Parlamento catalán.
Aunque, dadas las circunstancias, será imposible saber qué proporción efectiva del electorado quiere que su país deje de pertenecer al reino de España, para convertirse en “una República de derecho, democrática y social”, según reza la ley de convocatoria al referéndum, quedó claro que la población está dividida y presionada, particularmente por las y los portavoces de la posición independentista radical, una irónica alianza de la derecha con algunas fuerzas de la izquierda que halla inaceptable la posición de los “comuns”, que no piensan votar al “sí”.
Hoy es, pues, un día de enorme trascendencia para España, ya que lo que suceda este domingo no será una salida a la crisis, sino un paso más en una escalada que por obra de unos y otros se ha acelerado y puede conducir a salidas imprevisibles.






