En lo que va del año, las autoridades municipales de El Alto han desmontado al menos 78 tarimas y escenarios instalados en las calles y avenidas para organizar fiestas privadas y vecinales. El desarme más comentado tuvo lugar a finales de marzo en la Av. Juan Pablo II, una de las vías más importantes y concurridas de la urbe, donde una fraternidad de morenos había emplazado un escenario de grandes proporciones para una fiesta que incluso iba a ser amenizada por grupos extranjeros.
Según las autoridades, cuando ocurren este tipo de desalojos indefectiblemente los guardias municipales sufren insultos e incluso golpes; comportamiento que pone en evidencia la raíz de este grave problema, que menoscaba la convivencia y el desarrollo de El Alto en particular y del país en general. Nos referimos al hecho de que no son pocos los vecinos que se creen dueños de los espacios públicos y que no manifiestan ninguna consideración respecto a los derechos de las demás personas, como el de poder circular sin restricciones por las ciudades y pueblos.
De allí la importancia de insistir no solamente en la necesidad de cumplir y hacer cumplir las leyes, como aquella que prohíbe el uso de las calzadas para fines distintos a los que fueron concebidas, sino también de impulsar programas y campañas educativas orientadas a inculcar una mayor cultura ciudadana entre los bolivianos. De ello depende que heredemos a nuestros hijos un país en el que primen valores como el respeto, la honestidad y la consideración; o antivalores como el egoísmo, la injusticia y la corrupción.






