Hasta finales del siglo XX, Bolivia era toda una referencia en cuanto a la exportación de flores se refiere, en particular a naciones vecinas y a Estados Unidos. Sin embargo, hoy en día su venta al exterior no solo se ha reducido drásticamente (desde 186.000 kilogramos exportados en 2000 por un valor de $us 420.000 a 1.340 k en 2017 por apenas $us 996, según datos del IBCE), sino que incluso ha aumentado la importación de flores, procedentes principalmente de Ecuador.
De acuerdo con los floricultores nacionales, esta drástica reducción se explica por cuatro factores: la falta de un sistema de transporte efectivo para poder exportar sus productos, la ausencia de mercados sin aranceles, la burocracia detrás de las ventas al exterior, y los efectos del cambio climático. Respecto al primer punto, lamentan por ejemplo el cierre del LAB, ya que esta línea aérea les ofrecía aranceles los suficientemente bajos como para poder exportar sus productos. Asimismo, señalan que la suspensión de las preferencias arancelarias otorgadas por Estados Unidos afectó sustancialmente su negocio. En cuanto a la burocracia, apuntan a los trámites exigidos por el Senasag como uno de los principales factores detrás de la demora que experimentan.
Habida cuenta del gran potencial que tiene el país para la floricultura, sería deseable la aplicación de acciones concretas desde el Estado que faciliten y promuevan la exportación de productos no tradicionales, junto con investigaciones que permitan desarrollar flores de calidad capaces de competir con aquellas que llegan desde otras naciones.






