El pasado lunes, un sismo de 6,6 grados en la escala de Richter tuvo lugar en la provincia Luis Calvo de Chuquisaca. Gracias a la profundidad de este terremoto (658 kilómetros), no se tuvo que lamentar daños materiales ni humanos. De todas maneras el temblor se sintió en varios departamentos del país e incluso en algunas regiones de Chile y Brasil.
Lo ocurrido en Chuquisaca viene a recordarnos que si bien los terremotos por estos lados son escasos, el territorio nacional no está libre de sufrir fenómenos de esta naturaleza. De hecho, según advierte un estudio elaborado por la Oficina de Investigaciones Geológicas y Mineras de Francia para la municipalidad de La Paz, en el occidente existen al menos dos fallas geológicas susceptibles de registrar movimientos telúricos: la falla de Amachuma en El Alto, así como la confluencia de dos placas tectónicas a lo largo de una franja de 100 km que recorre el sur de La Paz, Oruro y el norte de Potosí.
A todo ello cabe añadir que, por la ausencia de seísmos, la población no sabe cómo reaccionar frente a hechos de esta naturaleza y —peor aún— las ciudades no están preparadas para enfrentar fuertes temblores. De allí la importancia de asegurarse que las viviendas, edificios y estructuras urbanas sean construidas bajo diseños antisísmicos. Y es que, no sobra recordar, la prevención no solo resulta menos costosa que la atención de las emergencias, sino también y sobre todo es la manera más efectiva de preservar vidas humanas y daños materiales de consideración frente a los terremotos.






