Si analizamos la forma en que se ha ido configurando el discurso polarizador que involucra a los medios masivos de difusión en estos últimos años, concretamente a la prensa, podemos señalar que, producto de un extenso periodo de alta politización, éstos han sido encasillados como medios opositores o paraestatales, para desmedro de la calidad periodística en el país.
Así, dinámicas en redes sociodigitales de por medio, el escrutinio hacia los medios masivos de difusión parece ser más elevado que nunca, y varios de los emblemáticos momentos constitutivos de esta polarización mediática han sido generados a partir de las portadas de los medios impresos, que son, por excelencia, los espacios periodísticos que reflejan su línea política e informativa. Quizás lo nuevo ahora es ver a periodistas que estuvieron o están a cargo de medios de prensa establecer esta vigilancia, en clave de crítica, sobre portadas de otros medios de manera pública al mejor estilo al que nos tienen acostumbrados los políticos, sin que haya sido excepción el actual Gobierno.
Las portadas hablan sobre el medio a partir de lo qué dicen, callan, minimizan o magnifican; y cómo lo hacen. En ellas se pone en evidencia la llamada práctica periodística de la jerarquización noticiosa, y que hoy en día constituye una poderosa herramienta para la lucha contra lo que son los procesos desinformativos que tienen lugar en las redes sociodigitales, en las que los contenidos (periodísticos, erróneos, tendenciosos, falsos o creados solo para generar tráfico) encuentran un idéntico espacio.
Así, el reflejo de esta jerarquización puede darnos cuenta de muchas cosas. Y esto es lo que ocurrió el pasado 4 de abril. Ese día las portadas de los periódicos nacionales La Razón, Página Siete, El Deber y Cambio; y los regionales Los Tiempos, Opinión, Correo del Sur, El Día y El Potosí reflejaron la decisión del jurado que determinó la responsabilidad de Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Sánchez Berzaín en los sucesos que tuvieron lugar en nuestro país en octubre de 2003 con peculiaridades que vale la pena apuntar. Por ejemplo, de estos nueve periódicos, dos de alcance regional (El Día y El Potosí) no hicieron del hecho un titular principal único, sino compartido; los restantes siete ocuparon la mayor parte de sus portadas al tema, tanto en texto como en foto. Y claro, los textos fueron distintos, sobre todo en el uso del adjetivo “culpable”, que a posteriori generó debate. Tal adjetivo fue utilizado por cuatro medios (La Razón, Cambio, Opinión y El Día); el resto habló de responsabilidad, condena o sentencia. En términos de imagen, es importante resaltar que ningún otro medio aparte de Cambio publicó en portada la foto de ambos responsables (Sánchez Berzaín incluido). La mayoría reflejó el hecho solo con la foto del expresidente e imágenes del proceso judicial. En términos de espacio, la mayoría de los medios dedicó a esta información un importante lugar en páginas centrales; mientras que los periódicos La Razón y Cambio publicaron especiales para tratar esta noticia.
Este breve recorrido puede sonar a una obviedad. No obstante, encuentro relevancia testimonial en hacerlo, porque si bien puede reflejar parcialmente cómo se encararon algunos enfoques en las salas de redacción de estos medios, al final nos da cuenta de la buena nueva de que, por muy polarizados que estemos, en determinados momentos históricos el país habla al unísono, y los medios así lo reflejan.






