Cualquier que haya transitado por las calles y avenidas de El Alto puede dar fe del caos vehicular que impera en esa urbe. Varios son los factores detrás de este fenómeno; por ejemplo, la frecuente toma de vías por parte de los vecinos y vendedores para convertirlas en mercados y “salones” de fiesta. También contribuyen a la congestión vehicular los camiones y tráileres de gran tamaño que circulan y se estacionan en las principales arterias de la urbe a cualquier hora del día; esto pese a las restricciones que rigen sobre el transporte pesado. A ellos se suman los choferes sindicalizados que no solo imponen horarios, rutas y días de trabajo según su conveniencia (por ejemplo, en las noches y los fines de semana brillan por su ausencia), sino que además se estacionan en medio de las avenidas a esperar pasajeros, y únicamente inician su marcha cuando están llenos.
Ante este caótico escenario vehicular y la severa inseguridad que acecha a los pasajeros (v. gr., en no pocas ocasiones los vehículos del transporte público han sido utilizados para cometer atracos, con saldos fatales en algunos casos), la Alcaldía alteña trabaja desde hace años para brindar un transporte municipal de calidad, a semejanza de los PumaKataris paceños. Sin embargo, este esfuerzo no está siendo correspondido por la población, pues lamentablemente muchos de los WaynaBuses alteños son víctimas de destrozos, pintarrajeadas e incluso robos de parte de los pasajeros, sin contar la gran cantidad de basura que dejan luego de los recorridos.






