Un rasgo de la sociedad actual es su tendencia al consumismo. Y aún peor es la vorágine de la ostentación, quizás una suerte de efecto colateral del consumismo. Para reflexionar sobre este fenómeno sociológico se hace necesario recurrir a ejemplos ilustrativos, como la sustracción de dinero por parte de funcionarios del Banco Unión. En estos hechos existe un hilo en común: los implicados difundieron ampliamente los bienes que adquirieron con el dinero mal habido.
Según su definición, la palabra ostentar “implica exhibir algo, hacerlo notorio. Por lo general, quien ostenta busca llamar la atención para jactarse de algo que tiene: dinero, joyas, un automóvil de lujo, etc.”. Es decir que se trata de una suerte de manía por exhibir objetos y bienes con el afán de presumir ante los demás, para sobresalir frente a la gente. “Ostento, luego existo”, parece ser el axioma.
De regreso al ejemplo citado, las noticias dan cuenta de que los exfuncionarios del Banco Unión implicados en casos de desfalco recurrieron a una ostentación grotesca. En ambos casos los implicados exhibieron deliberadamente los bienes adquiridos con el dinero que habían sustraído. Para esta grandilocuencia recurrieron a sus cuentas de Facebook. Sus muros se convirtieron en espacios pomposos en los que daban rienda suelta a sus impulsos de fastuosidad, posando por ejemplo junto a sus autos lujosos. Aspaviento que seguramente facilitó el trabajo de los investigadores policiales/judiciales. Como si se tratase de una carnada armada por ellos mismos, los sospechosos hicieron alarde de sus viajes y de los objetos adquiridos con el dinero sustraído; lo cual a la postre se constituyó en un indicio indeleble de sus ilícitos.
La ostentación es un signo inequívoco de una sociedad consumista, impulsada por una mercantilización extrema; quizás su rostro más patético. Hoy más que nunca estamos en una sociedad del consumo dada a la ostentación sin límites. El arrebato por consumir vorazmente no es suficiente, hay un gesto egocentrista que acompaña a ese acto: los bienes deben servir para ser restregados en el rostro de los demás.
Estamos sumergidos en la creación de necesidades ficticias. Las necesidades sociales han sido desplazadas por los intereses individuales. La ostentación que antes era privilegio de sectores elitistas, que apelaban a las páginas sociales de los periódicos para propagar por doquier y con creces sus vanidades superfluas, se ha expandido al resto de la sociedad gracias a las redes sociales. La mercantilización ha adquirido su rostro más patético. La ostentación tiene efectos para las propias relaciones humanas. Hoy más que nunca los vínculos sociales están mediatizados por la fastuosidad. Como advirtieron muchos pensadores críticos de la sociedad de masas, quizás las relaciones sociales-humanas se han cosificado en la actualidad. Es decir que se han convertido en una relación de cosas que son exhibidas in extremis, llegando inclusive al ridículo.






