No se puede negar que la fiesta del Gran Poder crece cada año, y no solo en número de bailarines y de danzas, sino también en público y en ostentación de lujo, tanto en los atuendos femeninos como en las joyas (auténticas y de bisutería) que se lucen. Si bien ya nos referimos anteriormente a esta festividad, en esta ocasión deseamos adentrarnos en la pluralidad de visibilidades que significaron este evento, así como la apertura de los XI Juegos Suramericanos Cochabamba 2018.
En el primer caso, independientemente de las fraternidades de bailarines, las calles de La Paz reflejaron un orden de visibilidades y una multiplicidad de usos que se manifestaron tanto en la apropiación del espacio por parte de los espectadores, como en quienes lo hicieron para generar algo de recursos financieros.
Sin embargo, aquello no hace al valor de esa celebración, sino la manera en que el lugar público adquiere una riqueza importante de interacciones y encuentros; los cuales señalan una reciprocidad de perspectivas visuales y significantes de una cultura que evoluciona cada vez más.
Esto se patentiza en las imágenes que ese día conforman una escenografía urbana distinta, en la que los bailes, los colores, brillos y vestimenta crean sensaciones distintas. Es que el juego del movimiento corporal de los y las bailarinas cautiva a los espectadores, ya sea por su flexibilidad o la sutileza de su despliegue. Otro impacto que se deja sentir con esta fiesta es el caos vehicular en las calles adyacentes a su recorrido; aunque, en compensación, es indudable que se logra crear una pluralidad de perspectivas urbanas sobre esos sectores de La Paz.
En el caso del acto de inauguración de los XI Juegos Suramericanos, la pluralidad de visibilidades fue evidente a partir de sus acertados juegos luminotécnicos y escenografía, que ayudaron a consolidar el valor y atractivo de los distintos bailes del oriente y occidente boliviano que se presentaron. Por ejemplo, la exhibición de una versión estilizada de la morenada no le quitó en absoluto su atractivo, ya que su belleza se asentó en la fuerza de su música y el brillo y los colores de su atuendo, que fueron gratamente complementados con un entorno oscuro del que la danza hizo una aparición deslumbrante. Aquello no solo logró un contagioso acompañamiento cadencioso del público, sino que además creó la sensación de que esos cuerpos entrecruzados flotaban en la oscuridad.
Esa noche todas las muestras de expresión cultural pusieron de manifiesto al público nacional e internacional (vía internet) la pluralidad de los valores estético-culturales que conviven en Bolivia. Y es casi seguro que aquella profundidad de perspectivas estéticas de distinto carácter llegaron a emocionar a los presentes. Todo ello supone una riqueza y reciprocidad de perspectivas que son capaces de sacar a relucir al espacio público como el lugar de saberes y visibilidades que enuncian al país que representan.
Para concluir, la pluralidad de visibilidades tanto en la fiesta del Gran Poder como en la inauguración de los Juegos Suramericanos resultó del hecho de que el país organizó llamativos actos culturales que aprovecharon el valor de esos dos eventos.






