Entre el martes y el miércoles, en un operativo conjunto, las policías de España, Austria y Alemania, con el apoyo de la Europol, lograron desbaratar un clan familiar dedicado, desde hace siete años, a comercializar sustancias psicotrópicas, entre otras LSD, a al menos 100 países.
Según se consigna en la prensa internacional, los estupefacientes eran elaborados en las ciudades españolas de Granada y Valencia, y desde esas localidades eran distribuidas a otras regiones como productos contra la humedad o para cemento. No obstante, lo que más ha llamado la atención de las autoridades ha sido la forma en la que los clientes se contactaban con sus proveedores y en particular el medio de pago: a través de monedas virtuales o criptomonedas. De hecho, durante el operativo, las fuerzas del orden incautaron más de 4,5 millones de criptomonedas, cuyo valor en el mercado sobrepasaría los $us 14 millones; además de 800.000 dosis de LSD.
Este incidente ha puesto en relieve uno de los principales riesgos de las criptomonedas, las cuales se caracterizan precisamente por estar reguladas no por los gobiernos, ni por los grandes bancos o los fondos de inversiones, sino por inversionistas privados, y tienen valor porque hay gente dispuesta a intercambiarlas, vía internet, por bienes, servicios reales o dinero en efectivo. Descontrol que es ampliamente aprovechado por quienes desean sortear los controles de la banca internacional y de los Estados, a fin de poder participar en actividades ilícitas como el narcotráfico, el lavado de dinero o la evasión fiscal.






