Bolivia prevé producir entre 300.000 y 400.000 baterías de litio al año para abastecer, inicialmente, el mercado de vehículos eléctricos de Alemania. Para este cometido, la empresa estatal Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB) espera la aprobación de un decreto que oficialice la alianza estratégica con la compañía alemana ACI Systems.
El gerente ejecutivo de YLB, Juan Carlos Montenegro, lanzó esta proyección en un momento en el que la estrategia de desarrollo del litio transita de la fase experimental a la industrial. A fines de mes, se inaugurará la producción a gran escala de sales de potasio, y se espera que para noviembre de 2019 entre en operaciones la planta industrial de carbonato de litio, un producto cuya cotización internacional nunca ha bajado de precio, pues su valor en el mercado está vinculado con la generación de energía.
El Servicio Geológico estadounidense (USGS) informó hace dos años que Bolivia, Argentina y Chile concentran el 85% de las reservas mundiales de litio. Bolivia tiene una reserva de 56,9 millones de toneladas de este mineral, que es la mayor del mundo, aunque aún hace falta una certificación internacional para proyectar mayores inversiones.
La política estatal del litio parece bien encaminada, en el entendido de proyectar un desarrollo soberano sobe un recurso altamente estratégico. De hecho, según varios expertos, el control sobre este elemento será clave para el futuro del país. El control sobre los recursos energéticos debería ser una política de Estado.






