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Implosión opositora

A partir de las elecciones nacionales de 2005, un nuevo campo político se consolidó en Bolivia. El centro de ese espacio fue ocupado por el MAS. Las fuerzas opositoras se replegaron resignadamente a los márgenes. ¿Cuál era la diferencia entre ambas fuerzas? El partido de Evo logró unificar su campo político en todo el territorio […]

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Por Jorge Komadina Rimassa
/ noviembre 15, 2018
en Voces

A partir de las elecciones nacionales de 2005, un nuevo campo político se consolidó en Bolivia. El centro de ese espacio fue ocupado por el MAS. Las fuerzas opositoras se replegaron resignadamente a los márgenes. ¿Cuál era la diferencia entre ambas fuerzas? El partido de Evo logró unificar su campo político en todo el territorio nacional. En cambio, las oposiciones (el plural es decisivo) se dispersaron política y territorialmente; un continente y un pequeño archipiélago.  

La unificación del campo político fue posible en virtud a tres factores: el discurso, la organización y el liderazgo. El MAS conjugó hábilmente esos elementos para ganar varias elecciones y construir desde el Estado una potente hegemonía. Las oposiciones no lograron salir de sus burbujas de estupidez y narcisismo. No dieron talla. No tuvieron inteligencia política para construir un discurso alternativo que articule demandas sectoriales en un programa nacional, y tampoco renovaron sus liderazgos y formas organizativas.

Hoy, en 2018, el partido de gobierno ha perdido gran parte de esa hegemonía, sobre todo en ámbitos urbanos. Su discurso ha perdido eficacia para interpelar y convencer; se volvió conservador. Su estrategia de poder, la eterna reelección del caudillo, ha violado las leyes y el sentido común. Finalmente, para asegurar la gobernabilidad ha intercambiado recursos públicos por votos y lealtades. A pesar de estas contingencias, el MAS sigue ocupando un campo unificado. Por el contrario, la oposición ha vuelto a hacer implosión: seis partidos y dos coaliciones inscritas para las primarias de 2019. Se fragmentó hacia adentro, estruendosamente.

Los opositores carecen de un discurso unificador y de un programa de gobierno compartido. Sus diferencias son cada vez más grandes. Jaime Paz (del PDC) y el MDS plantean una inquietante “república federal”. Mesa, pragmático, habla de un gobierno de transición hacia un espacio posmasista. Patzi tiene un discurso centrado en el enigmático “tercer sistema”. La diversidad política se manifiesta también en los arraigos territoriales, son predominantemente partidos regionales: Luis Revilla y Patzi son líderes paceños; Costas y Ernesto Justiniano, orientales. Finalmente, la implosión ha encontrado su detonante en la cultura caudillista. Irreductible a cualquier argumento de sentido común. La oposición está obligada a convertir sus carencias en virtudes. Dejemos fluir las diferencias ideológicas; que los opositores entablen un debate para decantar las posiciones e identificar las mejores propuestas. Y con esas evidencias, dejemos que los ciudadanos escojan, a través del voto, a los candidatos más representativos, transparentes e inteligentes. Así, las elecciones de 2019 serán las verdaderas primarias para la oposición. Y es que la historia prefiere los senderos oblicuos. 

* Sociólogo.

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