El Día Mundial de la Radio (13 de febrero), este año tuvo como tema el diálogo, la tolerancia y la paz. Tres grandes retos a ser tratados por una dama (la radio) experimentada en las artes de la imaginación, la creatividad, la información, la educación, el entretenimiento, entre otros menesteres dignos de alguien tan sabia y bondadosa, que sin embargo está tan maltratada y puesta al olvido por quienes la utilizan para la banalidad y el facilismo, reducida a instrumento político con fines propagandísticos, como púlpito de predicadores insulsos, o como difusora de crónica roja que a la larga puede causar el mismo efecto de repugnancia.
Escuchar las radios en nuestro país puede convertirse en una insufrible letanía de tortuosas lecturas de mensajes de Facebook o WhatsApp, que es como han visto por conveniente llenar sus espacios los radialistas faltos de imaginación. Este “truco” ocupa el tiempo que debería estar dedicado a informar con la inmediatez que permite la radio, con la precisión que exige un reportero dispuesto a investigar y estar en el lugar de los hechos. La radio puede ser una gran promotora en la generación de soluciones porque es capaz de entablar diálogo con los actores allí donde estén sin importar la distancia y sin que ellos dejen su rutina, su ropa de trabajo o su espacio de descanso. Es capaz de acercar a los actores de un determinado tema para que sepan que están en el mismo intento aunque no se conozcan, puede promover el diálogo entre diferentes para que descubran que a pesar de sus disensos comparten un mismo país y un mismo cielo.
La radio también es una exitosa inspiradora de tolerancia. Quizás es uno de los medios de comunicación tradicionales más diverso y por eso mismo promueve y acepta lo diferente, lo opuesto, como una demostración de su propia esencia. En nuestro país fue el primer medio de comunicación en difundir todo tipo de programas en lenguas indígenas, por lo menos desde principios de los años 50. La radio por esos años también se transformó en escuela sin paredes, cientos de analfabetos se iniciaron en la lectura y escritura a través de sus ondas. Sirvió en la Guerra del Chaco para hacer conocer las listas de heridos y enviar mensajes como pruebas de vida. Asimismo, el 2003 durante la “guerra del gas” sirvió para reportar a los heridos y socorrerlos. Este 2019 las ondas hertzianas fueron capaces de conectar a las poblaciones de Caranavi que quedaron aisladas por los deslizamientos.
Creo en la radio y en su poder de renovación. En sus interminables artilugios para encandilar y enamorar oyentes, atraparlos con un testimonio, una noticia contada desde el lugar más remoto del orbe con el fin de generar paz entre elegidos y gobernados, entre pueblos y barrios.
* Periodista.






