Quien, aparentemente, más se mueve en la arena electoral es Carlos Mesa: se puso al día al “aprender” aymara, como exigen las normas; regaló parte del patrimonio cultural de su familia al Estado, ensayó con creces salay y saya en un par de actos públicos, se reunió con campesinos de La Paz, y hasta lució una guirnalda de hojas de coca, y se hizo fotos en el campo simulando cavar matas de papa aún verdes.
Antes, ya había sido casi echado del velorio de Remedios Loza por un grupo de personas y, como hincha del club Always Ready, silbado en las graderías del estadio de Villa Ingenio por unos detractores suyos. Además del MAS, con cuyos líderes y acólitos mantiene un ya antiguo enfrentamiento, ahora es blanco de la misma oposición que en algún momento quiso una alianza con él, quizás interesada en buscar su lugar en las preferencias electorales.
Uno de los más afanados en pretender socavarle la proyección electoral a Mesa es el candidato presidencial de UCS, el exvicepresidente Víctor Hugo Cárdenas, quien —como al presidente Evo Morales, los cancilleres del gobierno actual y al embajador Eduardo Rodríguez Veltzé— nombró al exmandatario “héroe de La Haya”, en alusión irónica a la derrota en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en el juicio de Bolivia contra Chile.
A su vez, hizo ruido la semana pasada la develación del monto de dinero que Mesa y su equipo usaron a nombre del Estado en la vocería de la demanda marítima. Los diputados Wilson Santamaría y Rafael Quispe —ahora aliados del candidato presidencial de Bolivia Dice No, Óscar Ortiz— se encargaron de la tarea. El expresidente lamentó que los legisladores hayan usado una causa nacional para difamarlo y se defendió diciendo que su trabajo de vocero de la demanda marítima tuvo la condición de “no recibir paga alguna” (la Ley 376 otorga a los expresidentes y exvicepresidentes una renta vitalicia y sugiere a éstos mantenerse con ese beneficio u optar por salario en el caso de que asuman tareas de funcionario).
Incluso el mismo Ortiz se sumó a esta andanada por reducirle posibilidades electorales a Mesa. Consideró en alusión a éste que la “verdadera Bolivia se está construyendo” desde su alianza, “no desde el sofá o el Twitter”. Y cuestionó los resultados en la CIJ al decir que Mesa y Morales “fueron irresponsables por buscar popularidad, uno por reelegirse y el otro por volver”.
Mesa ha resultado en las últimas semanas el objetivo político, mientras su antiguo detractor, el MAS, mira de palco su suerte ante el asedio de las mismas fuerzas de oposición en la que fluye el exmandatario.
Acaba de perder una pequeña facción en el FRI, el partido que lo lanzó como candidato presidencial. Generación Maya se expresó defraudada por Mesa y decidió colarse a la formación de Ortiz.
Pero la situación del candidato de Comunidad Ciudadana también sufre fisuras entre sus mismos aliados de Sol.bo, algunos de los cuales no están conformes con su manera de encarar la campaña desde sus ideas y decisiones, y su pretensión de incluso liderar de hecho esa agrupación política, mucho más después de que decidiera apartar de sus propósitos al concejal Fabián Siñani, a su vez amigo de siempre del alcalde Luis Revilla, apuntado en la trama de Tersa SA, la empresa responsable del desastre del relleno de Alpacoma.
Así, Mesa está obligado a superar estos embrollos. Sus estrategas intentan por ahora acercarle a la gente, con pose en la foto incluida; incluso con el discurso de que Morales hizo bien muchas cosas, las que, no obstante, hay que mejorarlas.
* Periodista.






