La Organización de Estados Americanos (OEA), la entidad de diálogo político más importante del continente, está en crisis, debido a que no ha logrado equilibrar adecuadamente su carácter de foro plural y abierto de naciones versus la tentación de algunos de sus dirigentes y miembros de usarla para asumir posiciones unilaterales y parciales.
Esta organización ha sido tradicionalmente un espacio para que todas las naciones americanas, resuelvan pacíficamente sus conflictos, establezcan relaciones de cooperación y promuevan conjuntamente la democracia, el desarrollo y los derechos humanos. Por su naturaleza (una institución que debe representar a todos los países de la región), debe gestionar continuamente el reto de articular al menos dos lógicas. En primer lugar, el respeto a la soberanía de cada país y las opciones políticas que sus ciudadanos elijan. Y en segundo lugar, debe promover ciertos valores en los que hay compromisos multilaterales. Cumplir ambos objetivos no siempre es una tarea fácil.
Si la institución diera prioridad a su rol de promotor de ciertos comportamientos en los países a rajatabla, sin considerar sus puntos de vista o articular posiciones comunes, se transformaría en una ONG más, cuya toma de posición podría ser valiosa, pero con pocas posibilidades de generar cambios mediante la diplomacia. Si por lo contrario prioriza su cualidad de ser una suerte de club de los gobiernos americanos sin ningún objetivo ético, se limitaría a ser una instancia complaciente sin incidencia política.
La OEA puede mediar en situaciones de crisis; o bien echar mano de la persuasión o la presión para fortalecer la democracia y los derechos humanos, apuntando hacia un propósito ético y una articulación diplomática multiestatal inteligente. Tarea que logró consolidar en su historia reciente: apoyando esfuerzos para impulsar la paz en Centroamérica, acordando estándares de DDHH, acompañando procesos electorales y mediando en muchos conflictos.
Sin embargo, hoy esta institución se encuentra debilitada, y su secretario general, Luis Almagro, cuestionado. Hay países que la han abandonado, han surgido críticas a su decisión de reconocer a los delegados de Juan Guaidó como representantes oficiales de Venezuela en el foro, algunas expresiones enunciadas por el Sr. Almagro durante sus visitas a los países han sido calificadas como parcializadas, y también ha generado sorpresa el aparente apoyo de algunos de sus funcionarios a acciones de fuerza o unilaterales.
Urge una profunda reflexión en toda la comunidad hemisférica frente al riesgo de una deriva unilateralista en la OEA, y hacia ciertas formas poco diplomáticas que se han vuelto corrientes en su gestión. Esto se produce, lamentablemente, en un contexto político preocupante, en el que hay una gran necesidad de mediadores, diplomacia y una política multilateral bien hecha.






