Las comadrejas, como los murciélagos, tienen mala fama. Dicen que son invasoras y ladronas. Y que asesinan cruelmente a las pobres gallinitas. Los biólogos, que intentan derribar mitos, prefieren llamarlas zarigüeyas, una palabra más amable. Las comadrejas se meten en tu casa sin previo aviso y no hay forma de echarlas, ni con agua hirviendo. La última película del oscarizado director argentino Juan José Campanella se llama El cuento de las comadrejas. Es un gran ejercicio de humor ácido y tiene un guion y un reparto de lujo, con Oscar Martínez, Graciela Borges, Luis Brandoni y Marcos Mundstock (el barbudo canoso de Les Luthiers).
Es sábado por la noche. El desfile del orgullo gay explota en el centro de la ciudad. “Si tanto amor predican, ¿por qué odian tanto?”, leo en una pancarta de un muchacho orgulloso. En una pared cercana alguien ha pintado: “Toto Salcedo, el dinero es tu credo”. Me alejo del barullo electrónico y bajo hacia Sopocachi. El Multicine tiene programada a “las comadrejas” para las 19.40. La fila sale hasta las afueras del “mall”. Todos quieren ver Toy Story 4. Hago la cola durante 40 largos minutos y, cuando estoy cerca de mi objetivo, el anuncio de mi película desaparece de la cartelera. Reclamo a la señorita que vende entradas como pipocas y ésta me responde con mal humor: “La proyectora se ha roto, hemos cancelado esa película”. La señorita sabe que miente con descaro y a continuación reanuda la venta de tickets para Toy story 4 en la sala donde tenían que dar “las comadrejas”. No es la primera vez que me pasa. Ya me ocurrió con la última cinta de Almodóvar. Es una práctica habitual del Multicine y de otras salas.
Escribo un post en mi muro del “feis”. El viceministro de Defensa del Consumidor, Guillermo Mendoza Avilés, me responde al tiro: “Vamos a intervenir, nos llegó un reclamo también de un solitario espectador de la Cinemateca que al ser muchas veces el único en películas no comerciales sufre la suspensión de la función sin previo aviso. Ya iniciamos conversaciones con la Cinemateca (sería bueno también apoyar a esta sala que languidece con pocos espectadores y grandes películas) y de inmediato lo haremos con el Multicine”. Gracias, compadre.
Abortado el plan cine, sigo bajando la ciudad y termino en la zona Sur. Plan b, teatro. Denisse Arancibia estrena su nueva obra. Se llama Amor. En la entrada de la Casa Grito, en el barrio de Los Pinos, me choco con Rodrigo Bellott y me cuenta que ya se viene el estreno mundial de su nueva peli, Tu me manques. Será este 27 de julio en el mítico TCL Chinese Theatre de Los Angeles, durante el Outfest Gay & Lesbian Film Festival. ¿Y cuándo estrenas en Bolivia?, pregunto. “A mediados de agosto, he venido a La Paz para finiquitar todos los detalles y preparar la premiere, a Santa Cruz llegará el argentino Oscar Martínez y a La Paz, la española Rossy de Palma”, me responde. Va a ser más fácil ver en persona a Martínez que en las pantallas de nuestras queridas multisalas, pienso.
Las entradas para ver Amor están todas vendidas. Hoy no es mi día, parece. “Si falla alguno que ha hecho reserva, te aviso y entras”, me dice el cuatecito que pica los boletos. Falla una (el 90% del público es femenino) y me acomodo en una esquinita incómoda muy cerca del escenario. La primera imagen impacta: una novia gigante de tres metros esconde bajo su vestido blanco a todos los invitados de su boda. La obra bien pudiera llamarse “yo no me caso”. Si fuera un ensayo sesudo y aburrido, se titularía “Persecución y vituperio del matrimonio”.
Amor se pinta como una de las mejores obras de teatro del año. Es una comedia romántica con buenas canciones, como las “comadrejas”. Es la historia de Julia, una mujer que ronca, habla dormida, sueña con el diablo, es sonámbula, le gusta que le amarren a la cama y no quiere casarse con Ricky. A Julia le da miedo todo. ¿Cómo se llama el miedo a casarse? Gamofobia se llama. A Julia la marcha nupcial le parece triste. Va a ser una novia fugitiva, va a ser libre. Las “comadrejas” que le rodean (familia, amigos y demás invitados) van a terminar mal, muy mal. Moraleja: uno no sale a cazar “comadrejas”, las “comadrejas” vienen a uno. Cría mala fama y échate a huir, como Julia.
(03/07/2019)






