Lo sucedido el domingo en la zona Sur de la ciudad de La Paz es un peligroso precedente de hasta dónde puede llegar la violencia fundada en desavenencias y, sobre todo, en la cada vez más extensa falta de solidaridad y empatía que caracteriza a diferentes sectores de la sociedad. Una vez más, los transportistas sindicalizados cometieron excesos que tendrán un elevado costo.
Comúnmente se cita el refrán “guerra avisada no mata soldados”, y debió ser así al saberse, por una parte, que el Gobierno Autónomo Municipal de La Paz inauguraría el domingo 25 de agosto el servicio de la nueva línea de LaPazBUS entre las zonas de Achumani y San Pedro, y por la otra, que los choferes sindicalizados habían previsto movilizarse, el mismo día, contra esta innovación en el transporte público.
A su vez, muchos vecinos de las zonas beneficiadas con el servicio del transporte público municipal decidieron organizarse para dar la bienvenida a los buses y, en lo posible, contrarrestar la oposición de los choferes sindicalizados, pero pocos imaginaron la magnitud de la violencia que se desató. La Policía fue claramente insuficiente para impedir los enfrentamientos, y cuando éstos comenzaron, costó mucho ponerles freno.
Así como es difícil soslayar el hecho de que fueron los choferes quienes iniciaron la violencia en la puerta del estacionamiento de los buses en la zona de Huayllani (Achumani Alto), entre otras zonas, tirando piedras contra los buses ya llenos de pasajeros, causando severos destrozos en los coches y heridas a las personas; no se puede negar que muchos defensores del servicio dieron rienda suelta a sus prejuicios racistas, inflamando aún más los ya caldeados ánimos.
Así, la brecha que desde hace años se ha instalado entre las y los usuarios de los servicios de transporte urbano de pasajeros y los choferes parece haberse ahondado irremediablemente. Los mensajes compartidos por todas las plataformas de redes sociales proclaman la necesidad de evitar el uso de minibuses y trufis, lo cual puede parecer una buena idea, hasta que llega la urgencia de llegar a tiempo a la oficina.
Por otra parte, es evidente que el grueso de los choferes, asalariados en su gran mayoría, que trabajan para un grupo de poderosos capitalistas que disfrazan su fortuna detrás de sus puestos de dirigencia sindical, no están conscientes de que, incluso siendo exitoso, el servicio de transporte municipal no logra cubrir toda la demanda de transporte de pasajeros en la ciudad.
Es difícil exigir al Gobierno Municipal más esfuerzos por concertar con el gremio de los choferes, lo cual no significa que deba dejar de hacer iguales o mayores esfuerzos a los conocidos en las últimas semanas. A su vez, los choferes deben recapacitar, pues su actitud no hace más que irritar a los usuarios de su servicio. La sociedad, finalmente, debe dejar de racializar sus enojos, pues es incorrecto, inmoral e ilegal.






