Son varias las tareas que los medios de comunicación deben realizar. Las más conocidas son informar y promover valores democráticos, así como el respeto a los derechos humanos y el cuidado del medio ambiente. Pero también, entre otras tareas, deberían impulsar un uso correcto del lenguaje, tanto respecto a cuestiones formales como de sentido. Esto porque, no sobra recordar, muchos lectores y televidentes suelen considerar a las palabras empleadas por los profesionales de los medios de comunicación como un modelo a seguir.
Un claro ejemplo de ello ocurre cuando se informa sobre casos de violencia, física y emocional, que afectan a menores de edad. En esta materia, de un tiempo a esta parte se ha extendido la premisa de que cuando un adulto mantiene una relación o contacto de tipo sexual con un niño o una niña se trata indefectiblemente de un delito. Sin embargo, los medios no siempre califican a estos hechos como tales. Esto ocurrió por ejemplo con La Razón en una nota publicada ayer a apropósito del execrable asesinato de una niña de 11 años presuntamente cometido por una mujer de 23 años.
En la nota reproducíamos una hipótesis de la Policía que apunta a los celos como móvil de este crimen, porque el concubino de la sospechosa habría mantenido “una relación sentimental” con la víctima. Una frase, justo es reconocerlo, desafortunada, pues por ningún motivo esta presunta “relación” puede calificarse como “sentimental”, ya que se trataría de un hecho de violencia sexual, de un delito. Por lo cual, ofrecemos disculpas a nuestros lectores.






