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Resulta de vital importancia mantener las cadenas alimentarias mundiales en la crisis Covid-19

Se necesita una respuesta mundial coordinada y coherente para evitar que esta crisis de salud pública desencadene una crisis alimentaria que impida a las personas encontrar u obtener alimentos

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Por Qu Dongyu
La Paz / abril 5, 2020
en Voces

La pandemia del COVID-19 está ejerciendo una presión sobre los sistemas de salud pública en todo el mundo, y millones de personas en los países económicamente más avanzados están en cuarentena. Sabemos que la pérdida de vidas será alta y que los esfuerzos masivos para modificar la tendencia tienen un alto costo económico. Para reducir el riesgo de pérdidas aún mayores y de escasez de alimentos para millones de personas, incluso en los países ricos, el mundo debe adoptar medidas inmediatas para reducir al mínimo las interrupciones en las cadenas agroalimentarias.

Se necesita una respuesta mundial coordinada y coherente para evitar que esta crisis de salud pública desencadene una crisis alimentaria que impida a las personas encontrar u obtener alimentos. Hasta la fecha, el COVID-19 no ha ejercido ninguna presión sobre la seguridad alimentaria. Aunque no hay razón para el pánico, porque hay suficiente comida en el mundo para alimentar a todo el mundo, todavía nos enfrentamos al reto de asegurar que la comida esté disponible donde se necesita.

La epidemia del COVID-19 ha creado limitaciones logísticas que repercuten en las largas cadenas de valor de la economía mundial moderna, que ha dado lugar a la contención y cierres de fronteras. Las restricciones a la circulación, así como el comportamiento de los trabajadores, pueden impedir que los agricultores cultiven la tierra y que los procesadores de alimentos (que manejan la mayoría de los productos agrícolas) se dediquen a la elaboración. La escasez de fertilizantes, medicamentos veterinarios y otros insumos también podría afectar a la producción agrícola.

El cierre de restaurantes y tiendas de comestibles menos frecuentadas reduce la demanda de productos frescos y de pescado, lo que afecta a los productores y proveedores, en particular a los pequeños agricultores, con consecuencias a largo plazo para las poblaciones cada vez más urbanizadas de todo el mundo, ya sea en Manhattan o en Manila. La incertidumbre acerca de la disponibilidad de alimentos puede inducir a los tomadores de decisiones a aplicar medidas de restricción del comercio, a fin de garantizar la seguridad alimentaria a nivel nacional. La experiencia de la crisis mundial de los precios de los alimentos de 2007-2008 nos enseña que esas medidas solo pueden agravar la situación.

Las restricciones a la exportación establecidas por los países exportadores para aumentar la disponibilidad de alimentos en el país podrían provocar graves trastornos en el mercado mundial de alimentos, lo que daría lugar a un aumento de los precios y a una mayor volatilidad de los mismos. En 2007-2008, esas medidas inmediatas resultaron ser sumamente perjudiciales, en particular para los países de bajos ingresos y con déficit de alimentos y para los esfuerzos de las organizaciones humanitarias por suministrar alimentos a los necesitados y vulnerables.

Todos debemos aprender del pasado para no repetir los mismos errores. Los tomadores de decisiones deben tener cuidado de no endurecer involuntariamente las condiciones de suministro de alimentos. Aunque cada país se enfrenta a sus propios retos, la colaboración entre los gobiernos y todos los sectores e interesados es esencial. Nos enfrentamos a un problema global que requiere una solución global.

Debemos asegurarnos de que los mercados de alimentos funcionen adecuadamente y que la información sobre los precios, la producción, el consumo y las existencias de alimentos sea accesible a todos en tiempo real. Este enfoque reducirá la incertidumbre y permitirá a los productores, consumidores, comerciantes y tomadores de decisiones estar informados y contener el pánico injustificado en los mercados mundiales de alimentos.

Aún no se conocen los efectos de la actual pandemia del COVID-19 en la salud de algunos de los países más pobres. Sin embargo, podemos decir con certeza que cualquier crisis alimentaria que resulte de la elaboración de políticas deficientes será un desastre humanitario que podemos evitar. Ya tenemos 113 millones de personas que padecen de hambre aguda en el mundo; en la África subsahariana una cuarta parte de la población está desnutrida. Cualquier interrupción de las cadenas de suministro de alimentos intensificará el sufrimiento humano y aumentará el desafío de reducir el hambre en el mundo. Debemos hacer todo lo posible para que eso no suceda. La prevención es menos cara. Los mercados mundiales son esenciales para mitigar las perturbaciones de la oferta y la demanda entre los países y las regiones, y debemos trabajar juntos para garantizar que las interrupciones de las cadenas de suministro de alimentos se reduzcan al mínimo posible. El COVID-19 es un poderoso recordatorio de que la solidaridad no es caridad, sino sentido común.

Qu Dongyu, director general de la organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Acuicultura (FAO).

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