El país se encuentra en una fase crítica respecto a la expansión de la pandemia desencadenada por el nuevo coronavirus, con lo cual las autoridades se verán forzadas a reforzar o reajustar sus políticas. La experiencia internacional muestra que el aislamiento social podría no ser suficiente sin una estrategia epidemiológica sólida basada en pruebas masivas, y un pronto fortalecimiento de los servicios de salud.
En la semana que termina el número de casos positivos de COVID-19 ha aumentado significativamente, y han aparecido brotes preocupantes en el municipio cruceño de Montero, en el valle alto cochabambino y en Patacamaya (La Paz). Además, el coronavirus ha reaparecido en localidades en las que parecía contenido como Oruro. Al mismo tiempo, la mortalidad asociada con esta enfermedad ha crecido a una tasa mayor que el conteo oficial de contagios, lo cual es un indicio de la existencia de cierto grado de subregistro de la enfermedad, debido a la limitada cantidad de pruebas que se están realizando. De allí que cabe esperar un incremento tanto en el número de contagios como en el de los decesos.
La cuarentena nacional, luego de tres semanas de vigencia, ha contribuido sin duda ha contener una expansión descontrolada de la enfermedad, pero no así su crecimiento, el cual sigue siendo constante. Al respecto, la experiencia internacional evidencia que las restricciones a la interacción social son muy necesarias, pero su eficiencia, en términos de control de la pandemia, depende de que estén acompañadas de una estrategia epidemiológica sólida de identificación y tratamiento de los contagiados de COVID-19 en todas sus etapas. Para lo cual se precisa montar un sistema de pruebas que verifique al menos la situación de todas las personas con síntomas y de quienes se relacionaron con éstas.
Por otra parte, no se debe olvidar que el principal aporte de las cuarentenas es ganar tiempo para preparar a los sistemas de salud ante situaciones excepcionales de atención, de tal manera que no colapsen en una primera etapa cuando la epidemia se materializa, para tratar después un número de casos elevado de enfermos. Es decir, la efectividad del aislamiento social está condicionada a otros factores, y la cuarentena no resuelve por sí sola el problema, por muy estricto que sea su diseño.
Tampoco se deben subestimar los impactos sociales, económicos y psicológicos de una cuarentena masiva, los cuales se irán complicando a medida que se alargue el aislamiento. Por tanto, debe haber un sentido de realismo en su gestión y de mucha consciencia sobre sus límites.
En resumen, las autoridades se enfrentarán a complejos dilemas en los próximos días, y en base a estos escenarios se deberán construir equilibrios razonables entre una gran diversidad de factores. No será fácil. De ahí la urgencia de transparentar las decisiones y dialogar con todos los actores sobre sus implicaciones, siendo lo más recomendable una convocatoria a todos los bolivianos, sin ninguna distinción, para su resolución colectiva.






