Era un asunto previsible y en muchas partes del mundo los movimientos dedicados a la lucha contra la violencia hacia las mujeres, niños, niñas y adolescentes lo advirtieron: la cuarentena, tan eficaz para frenar (no evitar) la temible expansión del COVID-19, tendría su contracara en la violencia doméstica, al confinar en el seno del hogar a las y los violentos con sus víctimas.
Solo en Bolivia, desde el inicio de la cuarentena hace ya un mes, se reportaron más de 30 denuncias de violación sexual de menores de edad, y la cifra de mujeres golpeadas supera con creces los 1.200 casos. Hasta hace una semana los feminicidios durante la veda de salir a la calle eran cuatro. Es fácil imaginar que las cifras reales son muy superiores a las que aquí se comentan, pues si normalmente es difícil que una víctima llegue a la Policía para denunciar, mucho más lo es ahora que la circulación de personas está prohibida.
Según un reporte de la Agencia France Presse (AFP), desde el Secretario General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) hasta el papa Francisco han reclamado atender el drama de las mujeres en medio de medidas excepcionales con restricción de circulación. El primero de ellos afirmó, días atrás, que “con el aumento de las presiones económicas, sociales y del miedo, hemos visto un estremecedor repunte global de la violencia doméstica”. Entretanto, la agencia noticiosa alerta sobre un incremento en el número de pedidos de auxilio de víctimas de violencia doméstica, obligadas a convivir con su agresor “en una región donde el promedio de feminicidios supera la decena diaria”.
La representante de una ONG argentina dedicada a la lucha contra la violencia de género afirmó que “la cuarentena deja a miles de mujeres en un infierno, encerradas con un agresor al que le tienen más miedo que al coronavirus”. En México, la Directora del Instituto Nacional de las Mujeres de México (Inmujeres) afirmó que desde el 24 de marzo, cuando se inició la cuarentena contra la pandemia, “los pedidos de auxilio han aumentado”. En San Pablo, Brasil, solo durante los primeros 10 días de cuarentena las denuncias se incrementaron un 30%.
En Chile, donde existen cuarentenas selectivas por regiones y bajo toque de queda nocturno, según informó la agencia francesa, el número de feminicidios reportados se percibe como bajo, especialmente frente al aumento de las denuncias, que en algunas zonas de clase media y alta en la capital (Santiago) crecieron en 500%.
Una activista argentina citada por la AFP recuerda que “en tiempos normales” trabajan para que las víctimas denuncien a sus agresores, pero “hoy la urgencia es sacarlas del hogar; la rapidez puede ser la diferencia entre vivir o morir”. Bolivia no es la excepción, y en un contexto en el que el Estado no puede o no quiere hacerse cargo de los derechos humanos, el trabajo de organizaciones feministas y otros colectivos es de una importancia extraordinaria, y merece el más amplio apoyo del resto de la población.






