Muchos recuerdan a Kant por la frase “¡Sapere Aude!” que el mismo Kant la interpreta como “ten el valor de usar tu propia razón”. Kant escribe esta frase cuando responde a la pregunta: ¿qué es la ilustración? Era 1784, y ya había escrito su “Crítica de la razón pura”. Entonces intimaba a las personas a pensar por sí mismas. ¿Pero hasta dónde era bueno, según Kant, pensar por uno mismo? No olvidemos que Kant escribió páginas hermosas sobre la libertad y la razón, pero también era un pensador conservador, defensor de la pena de muerte, como defensor de los derechos del Rey.
Entonces podemos estar seguros de que la sugerencia de que usemos nuestra propia razón no se aplica a todos los seres humanos y en todos los casos. Por ejemplo, en el mismo texto en el que nos dice atrévete a pensar (¡Sapere Aude!) señala que un funcionario público no puede pensar, debe obedecer. Un oficial no puede pensar, debe obedecer, un ciudadano no puede cuestionar el pago de impuestos, debe obedecer, debe pagar.
Es decir, hay una esfera, que Kant denomina pública, en la que se puede pensar y, por lo tanto, tener el valor de usar la razón, y hay otra, que Kant denomina privada, en la que no se debe pensar, sino que se debe obedecer. Años más tarde, en 1797, Kant inmortalizará este deber de obediencia en una de sus obras más importantes: La metafísica de las costumbres. Al finalizar el primer libro (sobre la doctrina del Derecho) se lee el imperativo categórico que argumentó en ese libro: “Obedeced a la autoridad que tiene poder sobre vosotros”.
Todos estos elementos que encontramos en Kant los usa el filósofo francés Michel Onfray para re pensar el juicio a Eichmann, el funcionario público nazi que fue juzgado en Jerusalén, y cuyo juicio fue cubierto por Hannah Arendt. Onfray muestra su asombro cuando, al leer el libro de Arendt Eichmann en Jerusalén, durante el interrogatorio que le hacían a Eichmann, éste se declaró kantiano. Entonces cuando Eichmann señala que él solo obedecía órdenes, que solo obedecía la ley, Onfray nos recuerda que siendo kantiano obedecía, como un funcionario público más, la ley porque era la ley. Dura lex sed lex, si bien es un aforismo romano, pero Kant y Eichmann lo podrían firmar juntos.
Uno podría esperar que Kant señale que se debe examinar el contenido de la ley antes de decidirse a obedecerla o a quebrarla y en consecuencia a rebelarse contra ella, pero no, Kant no señala ello en ninguna parte de su obra. Es más, frente al Derecho, Kant cierra filas y nos señala que ni el acto más injusto e insoportable es motivo para no obedecer la ley y por ende a la autoridad. Michel Onfray termina su ensayo Un kantiano entre los nazis recordándonos que a la filosofía de Kant le falta el derecho a desobedecer, a negarse y a resistirse a la opresión.
Farit Rojas T. es abogado y filósofo






