Me resultó llamativo en 2006 el hecho de que la gran mayoría de congresistas no contaba con una oficina para realizar su trabajo o sostener reuniones dentro del Parlamento. Era difícil de creer, que después de las sesiones plenarias del Congreso tenías que ir a un café a trabajar o a algún restaurante cercano a reunirte con las personas que te requerían.
En aquel momento el Legislativo disponía únicamente de un espacio posterior de aproximadamente 1.000 metros cuadrados (era su área de parqueos) y que podía utilizarse para ampliar sus ambientes. Le transmití la idea de esta ampliación al entonces presidente de la Cámara de Diputados, pero en aquel periodo 2006-2009 la falta de presupuesto era asfixiante y privativo para este cometido y así me lo hizo conocer. Pero era una necesidad imperiosa el resolver la falta de espacio para las actividades mínimas de los y las parlamentarias, así que utilicé ese tiempo para darle mejor forma a la idea. Y fue en 2010 que el propósito de la ampliación del Parlamento fue recibido con mucho agrado de parte del nuevo presidente de los diputados y se la presentamos a nuestro Presidente y Vicepresidente, los que entendieron y alentaron con gran entusiasmo la posibilidad de tener nuevos ambientes para el Legislativo, pero con una observación, la nueva infraestructura debía contar con dos nuevos hemiciclos. Aquella observación era en realidad un desafío enorme en términos técnicos y presupuestarios, ya que requería una considerable inversión y mayor superficie de terreno para su emplazamiento. Pero la disposición estaba dada y como el único arquitecto de nuestra bancada en aquel momento, asumí el reto de preparar el plan. Para 2011 la idea evolucionó a un nuevo complejo legislativo de mayor tamaño y características diferentes. Se debía abarcar todo el manzano entre las calles Ballivián y Comercio y se alzaría en altura por encima del edificio Constitución. Se trataba de una edificación de gran importancia para la ciudad y el país entero.
Junto al presidente de Diputados requerimos nuevamente una reunión con Evo y Álvaro para acordar la envergadura del plan. En aquella reunión se dio inicio a la materialización del proyecto y la inmediata conformación de una unidad ejecutora que lo conduciría hasta su conclusión. Aún recuerdo cómo terminó dicha reunión, el Presidente nos había comunicado que el Órgano Ejecutivo también encararía un proyecto similar y él apostaba a que ellos terminarían su nuevo edificio antes que el Legislativo. Siete años después habíamos perdido la apuesta, pero la nueva Asamblea Legislativa Plurinacional ya se erigía imponente en su nueva estructura.
La necesidad de contar con nuevos ambientes no era simplemente para oficinas de los parlamentarios, era también evidente la pequeñez de ambos hemiciclos, principalmente en el de asambleas, donde todos los senadores tenían su curul en el pasillo por la falta de espacio y era también cierta la incomodidad en las plateas para ilustres invitados; pero uno de los aspectos más ruinosos eran las modificaciones que año tras año se le realizaba al edificio histórico, ya sea para mejorar la eficiencia del espacio o para introducir en sus muros, pisos y techos, nuevas tecnologías para el trabajo legislativo. Estábamos derruyendo de a poco un símbolo histórico de la libertad y la democracia.
Pese a que la economía del país vivía un mejor momento, Álvaro nos había pedido que todo el costo se financie con los saldos presupuestarios no ejecutados de la Vicepresidencia y las cámaras de Senadores y de Diputados, es decir que no se pediría un presupuesto adicional para esta construcción, lo que supuso una mayor complicación ya que contaríamos con un presupuesto a cuentagotas durante los próximos años. Fue algo que resolvimos mediante distintos artificios presupuestarios y con un gran espíritu de cuerpo entre bancadas oficialistas y opositoras que se sumaron a la idea de recortar gastos y generar saldos para la construcción durante los siguientes 11 años.
Así Bolivia comenzaba a encarar el edificio más importante del siglo XXI. El centro político de la Patria como es la plaza Murillo vería formarse ante sí una edificación que simbolizaría la nueva era plurinacional.
Para esta tarea colosal la Asamblea debía tomar decisiones de la misma talla y el proceso requeriría acciones extraordinarias que son necesarias de narrar por este medio, y para esto pediré a las y los lectores que me acompañen en los siguientes artículos acerca del nuevo edificio de la Asamblea Legislativa Plurinacional.
Javier Zavaleta López es arquitecto, exdiputado y exministro.






