El mal manejo de la economía ante la crisis sanitaria del COVID-19 tuvo como resultado, en 2020, una disminución del PIB que se reflejó en un descenso de -8,8% y una tasa de desempleo de 11,6%. Esta situación no escapó de lo sucedido en el planeta, pues, de acuerdo con los datos del FMI, el PIB mundial cayó y, según la OIT, la tasa de desempleo subió. Obviamente esto no es para regocijarse, sino todo lo contrario, debe conducirnos a trabajar en pos de una alternativa no solo de crecimiento sino de desarrollo económico.
En nuestro país, en el periodo neoliberal la forma de crecimiento económico basado en las exportaciones no tuvo éxito —en realidad fue un extractivismo sometido al capital transnacional. Hoy ese modelo no tiene perspectivas de aplicación, ya que los países del mundo están enfocados en recuperar sus economías internas y construyeron para ello una economía proteccionista, con mayor participación del Estado; en otras palabras, la aplicación del neoliberalismo en Bolivia no es aplicable y menos recomendable.
Por estas razones, el crecimiento económico basado en una forma de industrialización mirada hacia adentro, sin perder las perspectivas de enfrentar al mercado mundial, es lo más racional. Esta forma de crecimiento es la industrialización por sustitución de importaciones, que es dar un paso adelante respecto de la primera formulación del modelo económico social comunitario productivo. Incorporar esto es darle una concretización a esa todavía idea general de industrializar el país.
La industrialización por sustitución de importaciones surge desde la necesidad del funcionamiento de la sociedad latinoamericana ante el cierre a las exportaciones latinoamericanas por parte de los países industrializados. Nace como una práctica que posteriormente fue formalizada teóricamente por la CEPAL: indica que se puede pensar a partir de nuestra realidad y hacer práctica y, en el mejor de los casos, hacer teoría. También habría que hacer una sustitución de importaciones, pero ahora de teoría; ésta también se constituye en una mercancía, como todo a estas alturas del desarrollo capitalista.
La propuesta de medidas económicas de emergencia de Comunidad Ciudadana (CC) carece de una correspondencia explícita con una forma de industrialización, es un híbrido y, a pesar de ese hecho, tiene como telón de fondo una propuesta de restauración neoliberal, que en las condiciones actuales de la economía mundial no tiene asidero; en realidad nunca tuvo, ya que los mismos creadores del Consenso de Washington no creían en ello, de hecho los países del norte profesan el libre cambio manteniendo a ultranza su adhesión a los principios neoclásicos, empero, en la práctica no lo llevan adelante.
Las propuestas de CC son copias parciales y no tienen un norte definido. De lo que viene haciendo el actual Gobierno, su principal cualidad es aplicar un modelo de desarrollo basado en un crecimiento con una forma específica de industrializar el país: la industrialización por sustitución de importaciones.
Efraín Huanca Quisbert es economista.






