Vivimos en un mundo globalizado y una sociedad del espectáculo. Los medios de comunicación son una herramienta gravitante en esta realidad porosa. La globalización, que no es más que la internacionalización de las actividades de las sociedades, desde lo económico, lo político, lo espiritual, lo social, etc., pero con sus inequidades y formas de colonialismo. Estos factores externos e internos coadyuvan para construir las identidades globalizadas e incluso las identidades nacionales. El fútbol se ha convertido en una de las actividades privadas e internacionalizadas que ayudan en esa construcción. A pesar de las consecuencias de la pandemia del COVID- 19, fue la actividad que volvió a la cuasi normalidad, porque genera mucho dinero.
También por la globalización y el espectáculo, el fútbol ha penetrado en los rincones más apartados del mundo. Particularmente en el caso nuestro, hoy se hace mucho deporte en los ayllus y comunidades más retirados de los centros urbanos.
A pesar de las prohibiciones y restricciones, es la actividad que desafió formas de jugar o de realizar partidos. Hay que recordar que fue en las canchas de barrios periurbanos donde muchos jóvenes desafiaron a las prohibiciones, realizando fútbol sin medidas de bioseguridad.
No es casual que en muchas provincias se organicen nuevamente actividades relámpago de fútbol entre provincias, cantones y comunidades. ¿Pero quiénes son los referentes, sobre todo para los niños/as y jóvenes? A nivel internacional, son los modelos como Messi, Ronaldo, Neymar Jr. y otros. A nivel nacional, indudablemente, los referentes son los clubes profesionales y la selección nacional.
Es interesante estudiar esta actividad tan rentada y preguntar ¿por qué y cómo nos hacen sentir parte de algún club o selección?, cuando en términos formales no son más que empresas privadas que usan el marketing para en-cubrir la supuesta pertenencia. En términos muy lógicos, una selección es una empresa privada porque los clubes son entes privados. La FIFA es una empresa transnacional que impone a los Estados para que no se metan en sus asuntos, razón por la que no pueden intervenir las federaciones nacionales y a los clubes.
A pesar de esta situación hegemónica, se acepta todo de la FIFA para no ser despojados de la representación internacional. Esta empresa privada del fútbol construyó una selección nacional, supuestamente representativa de todos, cuando en la realidad es una actividad de intereses de algunos grupos sociales. Pero, a pesar de esta situación, el fútbol coadyuva, quizás de forma determinante, en la construcción de la identidad nacional.
Hoy se dice “la selección boliviana es de todos”. En esta construcción identitaria, los niños y los jóvenes que crecen y sueñan con ser mejor representados por los seleccionados están cayendo en profundas frustraciones sociales. El fútbol boliviano atraviesa una profunda crisis. Hay que recordar los escándalos económicos de corrupción y hasta manipulaciones regionalistas, etc. En este escenario aparece un director técnico llamado César Farías, que hasta el momento demostró ser un gran p’ajp’aku o gran impostor, en lenguaje más sencillo, que convenció a incautos dirigentes para ser nombrado director. Aparte del jugoso sueldo que gana, hoy su dirección es totalmente cuestionada. Sabemos en qué posición está la selección boliviana dentro de las sudamericanas que disputan los partidos eliminatorios para ir al campeonato mundial.
No es casual que al señor Farías le digan “el vendehumos” y otro término más preciso nació hace pocos días, cuando él declaró que la selección luchará como los mineros. La respuesta del ciudadano común fue dedicarle una canción que se llama Juku-minero, es decir, ladrón de minerales, que es una analogía de “ladrón de sueños”.
Hace pocos días tuve la oportunidad de interactuar con jóvenes y su profunda tristeza por lo que le sucede a la selección. Son jóvenes especiales porque varios de ellos trabajan en Chile y Argentina. Uno de ellos me dijo “es tan humillante ver jugar a la selección que nuestra autoestima está por los suelos”. En términos sociológicos, lo único que ha hecho este señor Farías es afectar la autoestima de los jóvenes y la identidad boliviana, que también es nuestra identidad, de ser los peores. ¿Es culpa de Farías, es tropiezo de los mediocres jugadores, de los dirigentes? Para mí, es el fracaso de la empresa privada capitalista que se llama fútbol.
Uka anu q’uxtañ jaqixa Farias sutinixi, ma ipi jaqipi, ukhamaraki uka pilut mat’aqirinakaxa janiw sumakiti lurawinakapaxa.
Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.






