Nostalgia es un neologismo creado, a partir de los términos griegos nostos (volver) y algos (dolor), por el médico suizo Johannes Hofer en 1688 para describir una enfermedad con síntomas complejos, como la fiebre, el pulso irregular y los dolores de cabeza. La causa de esta enfermedad era el destierro o alejamiento que los soldados suizos sentían cuando abandonaban el país. Otro médico llamado Theodor Zwinger publicó una tesis en 1710 argumentando que era cierta canción llamada Renz des vaches la que desencadenaba la enfermedad en los soldados suizos. Incluso Jean Jacques Rousseau señaló, en sus escritos de música, que esa melodía se prohibió bajo pena de muerte, porque hacía llorar, desertar o morir a los que la escuchaban. En la novela Heidi, escrita por Johana Spyri (que fue muy popular por la serie japonesa de televisión), el personaje Heidi lloraba cuando la escuchaba. Los diccionarios contemporáneos nos dicen que la nostalgia es una tristeza originada por el recuerdo respecto a la lejanía de algo que hemos perdido.
La escritora rusa Svetlana Boyn, en su libro que lleva por título El futuro de la nostalgia, nos dice que la misma se presenta de dos formas distintas: la nostalgia reflexiva y la nostalgia restauradora. El nostálgico reflexivo extraña el pasado, pero sabe que hoy, eso que extraña, está en ruinas o se ha vuelto irreconocible, en consecuencia, siente que el pasado es imposible, pues no puede volver a él, solo le queda recordarlo. El nostálgico reflexivo puede aceptar que el pasado no fue glorioso, sino que también fue terrible, y que, dadas las condiciones presentes, sería imposible restaurarlo. El nostálgico reflexivo podría extrañar la paz de un almuerzo sin teléfonos celulares sonando, pero sabe que ello también supondría que las personas no podrían comunicarse y estar informadas en tiempo real gracias a esos dispositivos.
El nostálgico restaurador tiene un pathos distinto, si bien mira el pasado y llora por su pérdida, tiende a llenarlo de mitos y de historias fantásticas, es decir toma el pasado para llenarlo de monumentos fundadores y muchas veces no reconoce entre lo que ha ficcionalizado y lo que de verdad ha sucedido. En suma, no reconoce que el pasado pudo haber tenido sus inconvenientes. El nostálgico restaurador cree que ese pasado idealizado puede ser posible, y en base a ello, levanta proyectos políticos. En esta búsqueda encuentra al enemigo que se ha interpuesto entre el pasado glorioso que estando en curso fue desviado o detenido y propone su eliminación.
Entonces, los usos de la nostalgia pueden ser reflexivos y así aprender del pasado desde el presente, o pueden ser políticamente restauradores y olvidar el pasado para reemplazarlo por la versión de algún sueño americano que no se ha realizado.
Farit Rojas T. es abogado y filósofo.






