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Masacre

Parece solo una palabra, tan útil o anodina como cualquier otra en el diccionario. Si no tuviera una vigencia de apenas dos años, quizás podríamos ignorarla y seguir con nuestras vidas. Como si nada. Pero hay un muro en Senkata. Hay un árbol en la cima de una lomita en Pedregal. Hay un puente en […]

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Por Verónica Córdova
ABRELATAS
La Paz / noviembre 21, 2021
en Voces

Parece solo una palabra, tan útil o anodina como cualquier otra en el diccionario. Si no tuviera una vigencia de apenas dos años, quizás podríamos ignorarla y seguir con nuestras vidas. Como si nada. Pero hay un muro en Senkata. Hay un árbol en la cima de una lomita en Pedregal. Hay un puente en Huayllani. Y hay cientos de padres, hermanos, madres, hijos, esposas, novias para quienes esos lugares están marcados de tragedia. Hay decenas de ajayusque se quedaron prendidos a esos espacios.

Cuando levantaron el cuerpo de uno de ellos, todavía tenía en las manos su bolsa con verduras. A otro lo escondieron los vecinos, lo taparon con un plástico entre los matorrales al pie de un árbol. A algunos les dispararon a mansalva mientras huían entre el humo. Hubo quien murió meses después, cuando ya no era más que piel y huesos.

Hace muy poco estuvieron aquí, visitándonos. Vinieron con una caña de azúcar en las manos, utilizando un corcel o una escalera para sortear la distancia que los separa de nosotros. Vinieron contentos, encarnados en una t’anta wawa o en un insecto, y se detuvieron a las doce a beber la chicha y comer los maicillos que los esperaban en los mast’akus.

Me pregunto qué pensarán al vernos (¡dos años después!) profiriendo los mismos insultos, repitiendo las mismas consignas, cultivando los mismos rencores. Acaso sentirán otra vez el latigazo del odio. Acaso vivirán otra vez el deconsuelo de saber que les dispararon sin asco y la indignidad de ver sus cadáveres gasificados. Me pregunto qué dirán al ver los murales, los homenajes, las pancartas clamando (¡todavía!) una justicia que no llega.

No son los primeros muertos, ni los únicos, de esta nuestra Bolivia tan dulce y violenta. Quizás allá, al otro lado del río, ellos también han formado una asociación, una federación, un sindicato. Quizás se reúnen en ampliados para discutir cómo ayudar a que aquí, entre los vivos, podamos finalmente reconciliarnos.

Cada que se produce una masacre (en Catavi, en Amayapampa, en la Harrington, en los campos de María Barzola…) clamamos justicia y exigimos que no se repita nunca. Pero siempre nos pasa de nuevo. Podemos culpar a la policía, al ejército, a los políticos. Y claro: quien aprieta el gatillo y quien ordena disparar son ambos responsables y deben ser sancionados. Es también responsable quien firma decretos que autorizan a matar sin temor a represalias. Pero hay una responsabilidad adicional, repartida en la sociedad, que hace posible que alguien dispare. Es la incapacidad de ver al otro como a un igual, como a un boliviano, como a un hermano. Es la facilidad con la que insultamos, encasillamos, juzgamos, defenestramos. Es la rapidez con la que somos capaces de pasar de las palabras a las manos, de la protesta a la agresión, de la intolerancia a la violencia.

La escritora ucraniana Svetlana Alexievich cuenta en su libro Últimos testigos cómo el odio puede convertir una comunidad diversa en una zona de guerra: “Todos eran como yo, todos éramos soviéticos. Pero súbitamente nos quitaron la Patria. Despertamos una mañana, miramos por la ventana y había una nueva bandera. De pronto estábamos en otro país. De pronto éramos extranjeros. Vivíamos en un edificio de nueve pisos. Una mañana, nos llevaron a todos los que éramos de otra región al patio. Los demás nos rodearon y cada uno nos golpeó con algo. Recuerdo un niño de cinco años golpeándome con una pala de plástico”.

El odio hace eso. Que todo se derrumbe de pronto. Que seamos enemigos de un día para el otro. Que la palabra “masacre” no nos indigne. Ya es hora de hacer justicia. Ya es hora de tender puentes. Ya es tiempo de superar el odio. Nuestros muertos lo demandan.

Verónica Córdova es cineasta.

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