El concepto de sociedad siempre ocultó comportamientos específicos de los habitantes, pues esa generalidad ha servido para socapar y enaltecer mil procedimientos. La sociedad boliviana no está lejos de esas conductas, como un conglomerado de muchos grupos sociales, étnicos y hasta de castas racistas. La sociedad internacional capitalista ha incentivado, para estos tiempos, el cómo actuar en la sociedad-espectáculo, hoy contribuido masivamente por los distintos medios de comunicación, incluidas las redes sociales. La sociedad del show y la farándula ha formado ya varias generaciones bajo cánones contrarios a los valores humanos mínimos y universales. El ser exitoso es uno de los sueños de estos tiempos y para tal cometido hay personas que pueden hasta transgredir valores humanos sin escrúpulo. El éxito tiene que ver mucho con el dinero y los bienes materiales. ¿Existe alguna relación de las prácticas de corrupción con estos valores capitalistas? Varios estudios afirman que sí. Lamentablemente, no tenemos investigaciones sobre los corruptos bolivianos/as, para saber por qué se pervirtieron, basados en qué valores, etc.
En los últimos días nos enteramos de hechos delincuenciales que involucran a la anterior administración de la Alcaldía de Santa Cruz. Mediante una denuncia de la expareja de un anterior ejecutivo que trabajó durante las gestiones de los alcaldes Percy Fernández y Angélica Sosa, se habrían creado 800 “ítems fantasma”, lo que arrojaría un millonario daño económico a la institución y al Estado boliviano. Hay que precisar el término de “ítems fantasma” que es inadecuado, pues en una repartición administrativa del Estado, en cualquiera de sus niveles, existen personas específicas que trabajan, incluidos los consultores y, por lo tanto, no hay anónimos y menos fantasmas.
Recordar que el exalcalde Fernández, por su avanzada edad, prácticamente delegó sus funciones a la señora Sosa. Por las leyes bolivianas, no es posible negar que un señor de 90 años o más siga ejerciendo un cargo público, porque lo contrario sería discriminación. Sin embargo, no existe una práctica de conciencia, una autoconciencia de las actividades que se puede hacer o no ya con ciertas edades. Las actitudes de Fernández y Sosa fueron muy deshonestas. La señora Sosa, creo que encubrió no solo los actos de corrupción como los que comienzan a investigarse, incluso otros hechos, como cuando el alcalde Percy se daba el lujo de insultar, faltando el respeto a muchos sectores de la sociedad. A ambas exautoridades les toca asumir toda la responsabilidad de los casos.
Hay una serie de preguntas que el ciudadano común se hace. Se dice que el millonario dinero desfalcado habría cubierto las movilizaciones de los 21 días de los “pititas”, que se cristalizó en el golpe de Estado en noviembre de 2019. Hasta hace poco se apuntaba que los empresarios, como el gobernador Luis Fernando Camacho, incluso gente del Comité pro de Santa Cruz, como Rómulo Calvo y otros, habrían erogado sus dineros para pagar a los militares y a la Policía involucrados en el golpe de Estado. Pero esa versión se cae, pues al parecer el dinero defraudado de las arcas del Estado habría sido el sostén del golpe y muchos otros actos dolosos. Si se confirma esta hipótesis, se visibilizaría el perfil del empresariado que solo vive de exaccionar al Estado, incluso de manera cuasi delictual. Esta actitud explicaría la mentalidad colonialpatronal de los capitalistas llamados empresarios, hoy camuflados en organizaciones como las plataformas, comités cívicos, Conade y allegados, que quieran retornar al Estado nación con demandas como el federalismo.
Así fue como manejaron el viejo Estado nación boliviano, los Sánchez de Lozada, los Doria Medina y sus similares, como si fuesen sus empresas de las que no solo usufructuaban, sino robaban de manera organizado y descarada. ¿Será que la Justicia boliviana llegue a escalecer y sancionar a los culpables?
Añathuya lunthatanakaxa wali irnaqapxatayna, qullqi apsupxatayna wali marakana. Jiwasanakan qullqisampiwa, jilat Iwuruxa t’unantapxatayna.
Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.






