La Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 10 de febrero como Día Mundial de las Legumbres, después de que 2016, Año Internacional de las Legumbres, visibilizara el valor trascendental de estos alimentos para la seguridad alimentaria del mundo.
La fecha es una oportunidad para no solo reforzar estas nociones, sino también explorar su contribución a los sistemas alimentarios sostenibles y a un mundo sin hambre. Porque las legumbres son fundamentales para afrontar los desafíos de la pobreza, la seguridad alimentaria, la salud humana y la nutrición, la salud del suelo y el medio ambiente, coadyuvando así a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Las legumbres y leguminosas son fundamentales en cualquier dieta saludable por numerosas razones: son bajas en grasas y no tienen colesterol; son bajas en sodio y una gran fuente de proteínas vegetales, por ejemplo, 100 gramos de lentejas crudas contienen 25 gramos de proteínas; contienen hierro, potasio, fibra y vitamina B, entre otros beneficios nutricionales.
Pero además se ha demostrado que pueden diversificar la producción y darle sostenibilidad a la actividad agrícola por su capacidad de fijar el nitrógeno atmosférico y mejorar la renovación de fósforo, con lo cual contribuyen a la optimización del uso de nutrientes del suelo y al logro de un mejor medio ambiente.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reconoce también que las legumbres aportan a la resiliencia de los sistemas de cultivo y permiten a los agricultores producir aún en regiones donde escasea el agua porque resisten mejor las sequías y otras emergencias climáticas en comparación con otros cultivos. Además, su huella hídrica es baja, por lo que las legumbres son un instrumento esencial para hacer frente al cambio climático.
A nivel mundial se ha visto que la inclusión de la producción y el comercio de legumbres incide positivamente en la resiliencia de las cadenas de suministro regionales y mundiales al permitir a los consumidores acceder a alimentos nutritivos y contribuir al uso sostenible de los recursos naturales.
En el Estado Plurinacional de Bolivia, las legumbres forman parte del patrimonio cultural y se consumen de forma habitual, principalmente la lenteja, el garbanzo, el tarwi y las habas.
La FAO en Bolivia trabaja para recuperar algunas legumbres que se consumían ancestralmente y que se fueron perdiendo con el tiempo. Por ejemplo, a través de un proyecto denominado Agrobiodiversidad se logró poner en valor el palqui, una súper leguminosa que contiene minerales como el fósforo, potasio, magnesio y calcio, entre otros; y se caracteriza por la calidad de sus proteínas (39,9%).
A estas grandes bondades se suman las propiedades curativas del palqui, ya que es utilizado por pueblos indígenas para aliviar enfermedades de los pulmones dañados, motivo por el cual se convirtió en la bebida minera por excelencia, además de remedio casero para la anemia, el cáncer y otras enfermedades, según investigaciones de la Universidad Tomás Frías.
Nuestro compromiso es continuar trabajando para involucrar a los diferentes niveles del Estado para encontrar mercados, para transformar estos alimentos en productos que puedan ser incluidos en la Alimentación Complementaria Escolar y otras iniciativas. Para que las legumbres lleguen a más población por su alto valor nutritivo y su importancia fundamental para erradicar el hambre.
Rodrigo Roubach Representante de la FAO en Bolivia.







