Para nadie es extraño que el fútbol en los tiempos actuales, en los contextos nacionales e internacionales, ha adquirido ribetes de deporte mayor, aunque no se explique eso de mayor. Pero la realidad es otra, la FIFA y sus aliados en distintos continentes actúan como las mejores instituciones del capitalismo salvaje y con mucho poder. Están sobre los estados nacionales. Por ejemplo, no pueden intervenir los estados, bajo sanciones drásticas como la exclusión de torneos internacionales. Gozan pues de mucha impunidad, pese a los grandes escándalos develados en los últimos años.
Ya en el contexto más nacional, sucedieron algunas cosas extrañas, el movimiento de los idolillos futbolistas estuvo bajo mucho dinero. Un brasilero como Marcelo Martins, aunque se diga que es boliviano, movió hasta la avioneta del presidente de club Cerro Porteño de Paraguay para que le lleven hasta Asunción. Se dice que ganará alrededor de 100.000 dólares americanos mensuales y que no pagará el club, ¿entonces quien erogará tanta suma? ¿Alguien especial?
Otro fichaje sonado fue de Erwin Saavedra, aquel k’umitu humilde (lit. jorobadito, recojo el apodo de un aficionado de base) que hoy está en la ciudad de Pretoria, Sudáfrica. Se comenta que fue transferido por 800.000 dólares americanos, aunque nunca se sabe las cifras exactas, porque siempre quiere eludirse, ¿será para no pagar impuesto? A propósito, ¿corresponde a Impuestos Internos del Estado boliviano hacer conocer cuánto corresponde como impuestos por esas transferencias?
Casi paralelamente, hace pocos días un arquero yungueño Nova decía que le debe 15 meses de sueldo el club San José, ¿qué contraste, no? Cuando estos jugadores sí se rajaron y no recibieron su sueldo. Ni la FIFA dijo nada, menos de estos millonarios jugadores. Este es el capitalismo salvaje, que actúa con los más publicitados y mentirosos, pero con los trabajadores honestos como los de San José, no.
En medio de este salvajismo y oportunismo, aparecen nombres como Sadio Mané, oriundo de Senegal, África, cuando declaró “no necesito autos de lujo, prefiero ayudar”. Mané demuestra que también se pueden construir antivalores del capitalismo salvaje. Esta noticia fue poco tratada por los medios especializados en el deporte, porque también los periodistas influidos por el capitalismo salvaje del fútbol se han adscrito a éste con reportajes huecos, confundiendo movilizaciones políticas como la de los pititas, con eslogan o componiendo algunos estribillos, así es la calidad de algunos periodistas deportivos.
Otro caso interesante es del jugador brasilero Sócrates, sobre la conciencia social del futbolista. Él amaba saber más desde los libros, también. ¿Cuántos de estos idolillos acompañan su vida con formación mediante libros? Creo que muy pocos, disculparán si me equivoco. Hoy los futbolistas que entraron o quieren adscribirse ciegamente al capitalismo salvaje están más preocupados en mostrarse mediante tatuajes en sus cuerpos o usando algún carro de último modelo, es decir, apostando por cosas banales.
Urge nacionalizar el fútbol boliviano para que no tengamos técnicos de la selección como César Farías, que adquirió la fama de “vende humos” y más concretamente de “juku, juku, juku”, es decir “ladrón, ladrón, ladrón”. También será para cortar ambiciones como las de un arquero (Vaca) que a sus 43 años quiere seguir compitiendo, cuando se debería dar espacio a los jóvenes. O frenar las chambonadas de un tal Álvaro Rey, que un club le hizo el favor de contratarlo, pero que en España declaró que nuestro fútbol es bajo. Si es bajo, ¿por qué no brilló este Rey colonizador en nuestro fútbol? Un millonario y presidente de un club declaró que cada año venderá un futbolista. Vaya, qué lenguaje. Hoy los futbolistas son pues los nuevos esclavos, aunque algunos ganen mucho dinero. Ma pitawa alismukuña jan suma mat’aqirinaka, jiwas wayna, tawaqunakawa mantañapa, ¿janicha ukhama?
Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.






