A pesar de los grandes esfuerzos a nivel mundial y local, históricamente el cuidado del planeta y la conservación de la biodiversidad han sido encarados de manera separada o complementaria a temas como la alimentación y el desarrollo económico. Asimismo, el sector de la salud ha tenido una fuerte tendencia antropocéntrica, orientada casi únicamente en la salud humana. Sin embargo, los desafíos globales actuales como la salud mundial, el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad y la contaminación, nos confrontan a una mayor integración de visiones.
En 1946 la Organización Mundial de la Salud (OMS) definía a la salud como el estado completo del bienestar físico, mental y social del ser humano, más allá de la noción de la ausencia de enfermedades. Actualmente, la definición se amplía mucho más hacia lo que se conoce como “Una Salud”.
Este concepto nace del trabajo de la OMS junto a la Organización Mundial para la Salud Animal (OIE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), junto a estrategias de la Unión Europea y varios países. Con la pandemia del COVID-19 esta nueva visión de la salud nos invita a romper viejos paradigmas, repensar y reconocer que el bienestar de la población humana es completamente interdependiente de otros seres vivos y de la salud de los ecosistemas alrededor nuestro. Es decir, la salud es un bien global compartido por humanos, animales y ecosistemas.
Existen más de 200 tipos conocidos de enfermedades o infecciones transmitidas de animales a los humanos (zoonosis). Alrededor de dos tercios de las enfermedades infecciosas humanas vienen del contacto directo con animales infectados o medios contaminados. Algunos ejemplos son la gripe aviar, la gripe porcina o el ébola. Éstas nos muestran la transmisión de enfermedades entre animales y los seres humanos, y cómo se ve agravada por contextos ambientales desfavorables o deteriorados.
La actual dinámica socioeconómica, demográfica y ecológica está aumentando la presión sobre la interface humanos-animales-naturaleza. El avance de las áreas urbanas y la mayor presencia del hombre en áreas naturales propician la destrucción del hábitat e incrementan el riesgo de enfermedades zoonóticas, creando un mayor contacto entre las personas, los animales y el entorno natural. Por otro lado, los crecientes impactos negativos y deterioro de los ecosistemas comprometen el bienestar general del planeta y aumentan el riesgo de reaparición y aparición de enfermedades y la dispersión de patógenos y microorganismos.
A partir de “Una Salud” estamos invitados a pensar distinto, a crear mayor conciencia y entendimiento sobre los vínculos entre la biodiversidad y los ecosistemas saludables, y la salud humana y animal. También nos invita a ser más responsables con nuestro planeta, a valorar y cuidar la naturaleza, nuestro entorno y sus funciones en favor de nuestro bienestar y calidad de vida.
Aún nos queda mucho por hacer para afrontar el desafío que promueve el concepto de “Una Salud”, empecemos por renovar nuestra visión de la salud en conexión con nuestro entorno y el planeta entero. Comencemos también por traducir ese cambio en acciones concretas a favor de nuestro medio ambiente, por más pequeñas que puedan parecer.
Heidy Resnikowski es subgerente de Planes de Manejo de la FAN.






