Hay un dicho frecuente, “el futuro es incierto”; de hecho, sí lo es, pero en la lógica de la causalidad, es incierto frente al cambio climático. En febrero de 2022, la organización internacional Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC) sacó su último reporte sobre el tema, evaluó los impactos del cambio climático, analizando los ecosistemas, la biodiversidad y las poblaciones humanas. También analizaron qué tan vulnerable es el planeta en esos ámbitos y cuáles son las capacidades y límites del mundo natural y humano para adaptarse. “Estos resultados son una advertencia urgente sobre las consecuencias de la inacción, así como las medidas a medias, no son suficientes para frenar realmente las consecuencias del cambio climático”, dijo el presidente del IPCC.
La preocupación principal es que, en los próximos 20 años, en el planeta experimentaremos un aumento inevitable de la temperatura media de 1,5 °C, esto intensificará síntomas que ya están pasando: sequías prolongadas, precipitaciones extremas, pérdida de biodiversidad, incendios de mayor magnitud, olas de calor, inundaciones, entre otros, que afectarán en primera fila a la seguridad alimentaria del planeta.
América del Sur es un candidato vulnerable al cambio climático. La deforestación y los incendios son de las principales acciones que inician el cambio de uso de la tierra, especialmente para ganadería y agricultura, son el principal factor que genera degradación de los suelos, pérdidas de reservas de agua, de flora, de fauna, entre los más destacados.
Entre 2001 y 2020, la Amazonía perdió 542.581 km2 de superficie boscosa, equivalente a un poco más del territorio de toda España. Los incendios siguen siendo un fenómeno muy vinculado a la deforestación. Entre 2001 y 2020, el 14% (1.208.162 km2) de la Amazonía fue afectado por el avance del fuego. Los datos acumulados en este lapso indican que Bolivia es uno de los países amazónicos con mayor proporción de área afectada por incendios (29%), y le sigue Brasil (18 %), proporcional a su superficie amazónica, según datos de 2020 de RAISG. Cerca de un 50% de la superficie en la Amazonía son Áreas Naturales Protegidas y Territorios Indígenas, y la deforestación acumulada en estos espacios fue del 14%, es decir que el 86% de la deforestación ocurre fuera, lo que sostiene que poner esfuerzos en la gestión efectiva de estos territorios se convierte en una estrategia de resiliencia frente al cambio climático.
La recomendación de los expertos del IPCC para adaptarse a estos cambios debe ser desde varios enfoques: social, ambiental y tecnológico. En el primero, recomienda se tomen medidas efectivas de mejoramiento de la infraestructura y servicios básicos, y fortalecer las asociaciones entre los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil y el sector privado. El otro ámbito está basado en los ecosistemas, ahí sugieren la protección, restauración, aplicación de buenas prácticas agrícolas y la gestión sostenible. Por último, hacen referencia a las nuevas tecnologías e infraestructura, que se utilicen ingenierías innovadoras para mejorar, optimizar y enfrentar los desafíos del cambio climático. En honor, al próximo 22 de abril, Día Internacional de la Madre Tierra, es urgente valorar y contribuir a un planeta resiliente al cambio climático, siendo más amigable, proactivo y pensando en nuestras futuras generaciones.
Dorys Méndez es gerente de Proyecto de la FAN.







