¡Lo que es el respeto! Después de décadas de acudir a sus servicios, me vengo a enterar de que se llama Aurora. Para mí y para tantas personas que llevamos nuestros amados animales a su veterinaria, es la doctora Crispín. La doctorita.
Desde que tengo memoria, mis mimados bigotudos solo son confiados a ella. Primero lo decretó mi madre y tiempo más tarde lo confirmó Susana del Carpio, defensora férrea de los animales (de todos, a través de Animales SOS). Fue Susana quien me contó que Aurora Crispín es la primera mujer veterinaria en Bolivia. Todo un logro para esta orureña del Liceo de Señoritas Pantaleón Dalence que en sus años más jóvenes dejó atrás su natal Oruro para estudiar medicina veterinaria en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno de Santa Cruz y posteriormente en la Universidad Autónoma de México, cuando las mujeres muy difícilmente accedían a la formación universitaria. Después de pasar por varias y meritorias curvas profesionales, Aurora decide abrir su consultorio en La Paz. No le da mucha vuelta al nombre: “San Bernardo”. Es el paraguas bajo el cual vivió las mayores satisfacciones; los gatos, hámsters, perros o conejos que tienen la suerte de llegar a su consultorio, los principales beneficiarios.
La invitamos hace días al Piedra, papel y tinta porque este año la doctora Crispín celebra 50 años de haber egresado. Nada menos. Convocamos también a Susana del Carpio para que nos ayude a retratar a la doctora. Y así lo hizo: “Ella me enseñó a levantar un perro (herido) de la calle, cuando yo llegué con ella yo levantaba a los animales sin un tranquilizante. Ella nunca fue egoísta, nos ayudó a manipular a los animales para que no sufrieran (…); nos atendía a cualquier hora; sus precios eran exageradamente económicos (…); no tengo palabras para agradecerle”.
Vamos a sus años universitarios. Por aquel entonces, Aurora entraba al aula y estaba rodeada de profesores hombres y compañeros hombres. Su promoción en verdad tenía que egresar en 1971 pero les tocó, como a tantos jóvenes bolivianos, esperar en casa debido al cierre de las universidades del todavía no tan democrático dictador Hugo Banzer Suárez (ay, las clausuras de los años escolares y universitarios). Igual, la universitaria orureña cumplió su objetivo: terminar su carrera e iniciar el camino de una profunda vocación. Sencilla, humilde, generosa, serena, necesaria.
Cuántas historias no escritas tiene en su haber la doctora Aurora. Sin duda, la que no olvidará es la de aquel perro que cuando cayó enfermo lo llevaron a duras penas hasta su consultorio para curarlo y ponerle suero. Tiempo después salió a la calle y un auto lo atropelló. El animalito, herido en la pata, apareció por la mañana en la puerta de la casa de la doctora. “Y se entró para que yo le cure”, cuenta. Anestesia, los puntos, su vendaje y así anotó otro acto de amor en su vida profesional o mejor, en su apostolado. Por eso es una doctora que recibe un ramo de flores o una caja de chocolates después de la consulta. “A veces el regalo es más que la consulta”, dice con su inamovible serenidad. A veces, un camino silencioso es un camino empedrado de ternura y generosidad.
Esta semana se asesinó a un religioso; un perro recibió dos puñaladas en su cuerpo cuando intentó defender a su dueña de la agresión de su pareja; se capturó a una maestra violenta con sus alumnos que antes había matado a su esposo; se supo de un policía atracador; se confirmó la violación de una menor por otro uniformado del orden; la guerra no da tregua en el otro lado del mundo; palestinos siguen enfrentando la muerte sin importar la edad; el contrabando está armado (y dispara) en cada esquina; desaparecen las personas (sobre todo mujeres y menores) y el tráfico de órganos vehicula en el mundo sumas equivalentes a las del narcotráfico… Y en medio de tanta noche, esta A amante le dedica este pedazo de papel, este rincón digital, a una mujer que nos hace cantar otra vez: Gracias a la vida que me ha dado tanto/me dio el corazón que agita su marco/cuando miro el fruto del cerebro humano/ cuando miro al bueno tan lejos del malo/cuando miro el fondo de tus ojos claros. Aurora.
Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.







