El mundo se enfrenta a enormes desafíos para superar el impacto de la pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID- 19), la inseguridad alimentaria, la guerra en Ucrania, la aceleración de la crisis climática y la pérdida de biodiversidad.
En respuesta a estas múltiples amenazas globales, necesitamos soluciones a gran escala que sean eficaces en función del costo y equitativas, y que puedan aplicarse rápidamente. Los bosques y los árboles ofrecen esas soluciones y pueden ayudarnos a recuperarnos, si reconocemos mejor su valor y el papel crucial que desempeñan en la creación de economías resilientes y sostenibles.
El último informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura sobre la situación de los bosques en el mundo, que se presentó en el XV Congreso Forestal Mundial bajo el lema “Construir un futuro verde, saludable y resiliente con los bosques”, muestra claramente tres formas en las que podemos redoblar los esfuerzos si queremos liberar su potencial:
Detener la deforestación y mantener los bosques podría evitar de forma significativa las emisiones de gases de efecto invernadero: alrededor del 14% de la reducción necesaria hasta 2030 para mantener el calentamiento del planeta por debajo de 1,5 °C. También podría salvaguardar más de la mitad de la biodiversidad terrestre de la Tierra, un proveedor clave de servicios ecosistémicos para la agricultura sostenible. Los bosques son la mayor reserva terrestre de carbono y de biodiversidad, y sin embargo están reduciéndose.
Restaurar las tierras degradadas y ampliar la agrosilvicultura: Unos 1.500 millones de hectáreas de tierras degradadas —una superficie que corresponde al doble de la de Australia— se beneficiarían de la restauración, y el aumento de la cubierta forestal impulsaría la productividad agrícola en otros 1.000 millones de hectáreas. La restauración de las tierras degradadas mediante la forestación y la reforestación podría eliminar de la atmósfera el CO2 de forma económica y equivaldría a quitar de la circulación entre 195 y 325 millones de automóviles de turismo con motor de gasolina cada año durante 30 años.
El uso sostenible de los bosques existentes y la creación de cadenas de valor ecológicas ayudarían a satisfacer la futura demanda de más materiales renovables. Teniendo en cuenta que el consumo mundial de todos los recursos naturales se duplicará con creces, pasando de 92.000 millones de toneladas en 2017 a 190.000 millones en 2060, el uso de madera sostenible en la construcción, por ejemplo, puede almacenar carbono y hacer frente a la crisis climática, al tiempo que aumenta la resiliencia y la sostenibilidad.
El deterioro del medio ambiente está contribuyendo al cambio climático, a la pérdida de biodiversidad y a la aparición de nuevas enfermedades. A pesar del papel crucial que pueden desempeñar los bosques y los árboles para hacer frente a estas amenazas, se les infravalora de forma sistemática en nuestros sistemas económicos. Como resultado, los bosques no reciben ni la atención ni las inversiones necesarias para lograr una conservación significativa y una ordenación sostenible.
Es esencial buscar la forma de reorientar los incentivos existentes para los productores agrícolas —por valor de unos $us 540.000 millones al año— para contribuir a que las estructuras que rigen la producción, distribución y consumo de nuestros alimentos sean más sostenibles.
Las actuales crisis de tipo medioambiental, sanitario y social exigen una acción urgente para una recuperación sostenible. Promover un modelo en el que los bosques y la agricultura se apoyen mutuamente requiere una mayor inversión política, financiera y técnica. Más de 20 países en desarrollo ya han demostrado que es posible hacerlo, la deforestación se ha reducido con éxito en América del Sur y Asia.
Esta semana, el Congreso Forestal Mundial, en Seúl, reúne a representantes de los cinco continentes y ofrece una oportunidad única para centrarse en soluciones de impacto hacia la construcción de un futuro verde, saludable y resiliente por medio de los bosques, y conseguir la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Ampliar la escala de las soluciones basándose en los bosques y los árboles puede liberar su potencial para ayudar a mitigar las perturbaciones económicas y la inseguridad alimentaria que afectan a los más vulnerables. Lo que ayudará a lograr nuestros objetivos: una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor medio ambiente y una vida mejor para todos, sin dejar a nadie atrás.
QU Dongyu es director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).







