Se realizó la novena conferencia de CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales) en México, con la energía de los cuerpos que después de sufrir la pandemia, finalmente se pueden encontrar, mirar a los ojos, sentir las energías y comunicarse más allá de las palabras, esas palabras que dejaron de ser sonidos e imágenes sobre una pantalla. Del 7 al 10 de junio, mujeres y hombres desde distintos sueños, trabajos y militancias, todas y todos quienes realizamos producción de conocimiento a través de investigaciones, escritos, propuestas y movilizaciones, hemos confluido en el territorio de la UNAM, universidad de México, para dialogar, discutir y vibrar juntas y juntos.
México hoy es un territorio muy diferente de aquel territorio que yo vine experimentando años atrás, cuando desde el compromiso de lucha caminé México sembrando Feminismo Comunitario, presentando todo lo construido en Bolivia como una propuesta posible en todos los territorios. ¿Qué quiero decir cuando hablo que mi cuerpo hoy vive otra experiencia?
Me explico: cuando desde el proceso de cambios abierto por nuestro pueblo y la cantidad de dignidad esperanzadora que conseguimos a partir de tener un gobierno que no nos obstaculice los cambios revolucionarios por los que luchamos, como lo esperado del gobierno del hermano Evo. Les hablaba de eso, de esperanzas que se levantan desde los corazones de los pueblos. Mujeres y hombres mexicanos nos miraban con mucho respeto, cariño, también admiración, pero se sentía el desconcierto, hasta el escepticismo en sus ojos: “eso para México estaba muy lejos de realizarse”.
Pero nada puede detener las energías que reclaman transformaciones profundas que puedan garantizar la vida. Nada puede detener el entusiasmo al encontrar resquicios de luz y aferrarse a ello. Eso hizo el pueblo mexicano —en medio de sus dolores—, supo abrir esos pequeños espacios, que hoy se agrandan con el trabajo incesante de quienes apoyan la Cuarta Transformación.
Este es el contexto de energías que abrigó la novena conferencia de CLACSO, fue fortalecedor escuchar a académicos verbalizar los límites de las academias y abrir los ojos ante los movimientos y organizaciones sociales, que también estamos produciendo conocimiento. De las distintas posiciones planteadas en los espacios magistrales podemos entender que desde el mundo intelectual hay dos propuestas que nos llamaron la atención. Una que propone seguir sosteniendo el sistema hegemónico de explotaciones y opresiones, con algunas modificaciones que darán aire al desconcierto que tiene el sistema ante la falta de propuestas, a ese punto de vista y propuestas teórico-sociales le están denominando el “progresismo latinoamericano”
Otra corriente de pensamiento va al encuentro de recoger las propuestas de indígenas y feministas y movimientos sociales. Lo raro es que ningún indígena, y mucho menos mujeres indígenas, estuvieron en la carpa principal como parte de los movimientos sociales que estamos produciendo conocimiento y contribuyendo con propuestas. La presencia indígena fue más bien de carácter personal y la minga colombiana que recibió merecidamente el premio de CLACSO. Esperamos profundizar y no quedarnos en el pragmatismo del “progresismo”.
Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria







