Giovanni Tarello fue un jurista italiano, fundador de la llamada Escuela de Génova que hoy reúne a muchos juristas y filósofos del Derecho. Decir que Tarello fue jurista puede parecer una declaración obvia, pero como señala Riccardo Guastini, uno de los estudiosos y continuadores de su obra, es también una provocación, pues Tarello es más conocido como un filósofo del derecho que como un abogado. Sin embargo, su concepción de la filosofía y del derecho no han dejado de ser controversiales. Veamos.
Tarello considera que la filosofía escindida de cualquier otra disciplina es un discurso insustancial, es una filosofía privada de objeto; y señala que las filosofías deben ser practicadas y enseñadas únicamente por estudiosos de una u otra ciencia y no por “bellas almas melancólicas” privadas de la necesaria preparación técnica y práctica de la disciplina sobre la cual pretenden hacer filosofía. Así, la filosofía del derecho debe ser practicada solo por juristas.
Respecto al derecho, Tarello sostenía que era necesario distinguir entre un enunciado normativo —entendido como un conjunto de palabras que encontramos en el texto de una ley— y la norma. Decía, que entre el enunciado normativo y la norma se encuentra la interpretación, que nos da la norma. Dicho de otro modo, si entendemos por norma el significado de un enunciado normativo, no se podría decir que las normas “tienen” un significado, por la obvia y lógica razón de que las normas no son otra cosa que un significado —resultado de una interpretación que la realiza, obviamente, un intérprete a partir de un enunciado normativo—. Desde este punto de vista, Tarello sostiene que “la norma no precede como un dato al proceso interpretativo, sino que lo sigue como su producto”. Y aún Tarello sostiene algo un poco más controversial: que los enunciados normativos pueden ser interpretados de muchas maneras y en consecuencia tener en potencia muchas normas. Para Tarello, la interpretación no supone dar con el significado que se escondía en el enunciado, sino significa decidir la atribución de un determinado significado a un determinado enunciado, esto tiene consecuencias políticas que Tarello considera que es mejor asumirlas que justificar que los juristas, y en particular los jueces, son almas bellas privadas de sus contingencias. Tarello considera que es preferible que los operadores de justicia realicen elecciones políticas a la vista de los resultados prácticos y deseados, pero a la vez exige a la academia combatir la politización de los jueces a partir de una especie de crítica ideológica del derecho de los jueces.
Gran parte de los debates contemporáneos de la interpretación y la argumentación jurídica le deben mucho a Tarello, un jurista italiano que llevó el realismo a la reflexión del derecho.
Farit Rojas T. es abogado y filósofo.







