Hoy vivimos momentos que son el resultado de un tiempo que nos impulsó a una inevitable transformación de la vida, apoyada ésta en nuevos conceptos del hacer cotidiano.
Un proceso que se inicia con duras realidades que el planeta vive en los últimos años a partir de la llegada de un virus, el cual ha llevado a la humanidad a importantes cambios en la ruta que siguen las sociedades, consolidando el ingreso a un periodo sin precedentes. Una etapa con un poder informático que es signo de la transformación irrefutable del presente y que tiene grandes efectos en la vida de la ciudadanía.
Con la llegada de la pandemia, esa realidad llevó al habitante a la vivencia de hechos que aceleraron, consolidaron y asentaron su nuevo camino: el tan mentado mundo informacional, que representa el verdadero medio de evolución, intercambio y relacionamiento. Una ambición anhelada y descrita por pensadores hace varias décadas.
Lo singular es que esa nueva realidad llegó antes de lo esperado por estudiosos del futuro y planificadores del mañana, que jamás se imaginaron que una pandemia aceleraría el cambio en la rutina del habitante, quien supo interrelacionar la vida cotidiana con la virtualidad.
Esa situación llevó a las personas a asimilar con prontitud la infinidad de sorprendentes realidades que exigen transformaciones con una visión de los nuevos tiempos. Evolución de la vida del ciudadano dentro de una renovada conceptualización que agrupa aspectos relacionados con la función y el significado, y la tecnología y la cultura.
Es evidente la fuerza que ha cobrado la imaginación en estos tiempos, pues ahora posee un significado mayor debido a que motivó la producción de ideas. Una concepción de imágenes contemporáneas en un tiempo y espacio, que representa un instrumento de transformación de un hacer tradicional a un futuro repleto de formas novedosas de construir la vida, cargadas de creatividad. Una realidad que exige, sin duda, imaginación.
Lo interesante es cómo esa imaginación impulsó importantes cambios, especialmente en países con ingresos reducidos, gracias a la necesidad de subsistencia de una población que supo enfrentar con creatividad los tiempos difíciles, e hizo resurgir y engrandecer las cualidades y expresiones propias, por ejemplo, de su cultura.
Quedó demostrado que el planeta adoptó otra dimensión, en la que lo informacional señaló sendas por demás distintas a las del ayer. De igual manera, la imaginación ya no solo se refiere a la actitud creativa, sino que se ha convertido en la facultad de producir nuevas ideas.
Como es de conocimiento general, el coronavirus trajo consigo una recesión económica no vista en los últimos tiempos, pero su gran cualidad fue la de traer el futuro al presente, demostrando con ello que el anhelado mañana informacional ya está encaminado en casi todos los países del orbe.
Cabe señalar, sin embargo, que lo peor que puede suceder es llegar a una imagen establecida con la idea de que ese es el final, en lugar de reflexionarla para alcanzar su concreción y mayor proyección al futuro.
Con todo, algo que no se debería olvidar es que la imaginación no se la encuentra en ningún escrito y menos en un sistema informático, ya que el pensamiento y reflexión del ser humano es el único medio para la concepción de obras trascendentales.
Patricia Vargas es Arquitecta.







