La gente que es abusadora y que ha hecho de su vida un camino de impunidad, cuando se le pide que asuma responsabilidades por sus actos, se rasga las vestiduras, pues lo considera inconcebible. No pueden creer que están en el banquillo de los y las acusadas y que de una vez deban escuchar los argumentos que denuncian sus acciones.
Estamos contemplando en los medios de comunicación cómo después de tanta retardación de justicia, finalmente las y los golpistas por fin deben rendir cuentas ante el pueblo boliviano de todo el dolor causado, con el asesinato de hermanos, con la persecución política, con la falta de cuidado por las vidas de la gente común, en plena pandemia. Corrupción y negociados que perjudicaron los servicios de salud es la marca que queda impresa en la memoria, recordemos el negociado de los respiradores que fueron causantes de la muerte no solo de masistas, también fueron causantes del dolor de familias, de “pititas” declarados en su odio racista. Esas familias “pitas” también sufrieron la muerte de sus familiares por falta de atención médica adecuada, pues las autoridades golpistas estaban metiéndose el dinero del pueblo a su propio bolsillo.
Las y los golpistas se hacen a los locos y son ahora angelitos democráticos, que nunca, ni en sueños pensaron en el Golpe. Tanto la Iglesia Católica golpista, los diplomáticos de la UE como la cooperación internacional dicen que no complotaron. Por favor, desde la Asamblea Constituyente en 2009 la derecha venia complotando, generando muertes en Sucre para después achacar al gobierno del Evo. Fueron 10 años de complot golpista, pero donde la falsa izquierda se desenmascaró fue en la marcha del TIPNIS, a partir de este momento la escalada golpista fue en ascenso, sin vergüenza. En 2019 fue la culminación del complot golpista.
Pretenden confundirnos sobre las responsabilidades del Golpe, nos dicen que Evo renunció, que también renunciaron los que le seguían, que ellos son los culpables. Ciertamente quienes estuvimos en las calles defendiendo el proceso, no entendimos la posición titubeante de ciertos ministros, tampoco las actitudes en el Parlamento, pero en ese momento había que estar unidas y unidos para defender nuestros sueños de construir el “vivir bien” para todas y todos y para la madre naturaleza.
Antes del golpe, era un momento de reposicionamiento del proceso de cambios revolucionarios, y se veían los apetitos personales, que siempre los hubo, pero a pesar de ello se llevó adelante el gobierno y el proceso de cambios revolucionarios. No hay revoluciones a la carta, se hacen en la lucha y la disputa del poder.
Sin duda hubo traiciones, pero no hay que confundir traiciones con desesperaciones para proteger las vidas, eso es muy importante en este momento, saber diferenciar y no hacer una ensalada; metiendo en el mismo saco a quienes con consignas equivocadas o no, se reunieron en medio de una crisis tratando de preservar vidas. No hay que hacer el juego a la derecha golpista e impune, que se está rearticulando.
Julieta Paredes Carvajal es feminista comunitaria.







