Ojalá fueran aquellas pequeñas cosas a las que canta Serrat. Esas cosas que, desde el recuerdo/ nostalgia, “nos hacen que lloremos / cuando nadie nos ve”. Pero no, señorías. Es más bien el tiempo de las cosas pequeñas que agobiaba a Sergio Almaraz mientras registraba el derrumbe de la Revolución Nacional. Pues bien, estamos en una coyuntura polarizada cuyas principales causas-cosas son pequeñas, incluso diminutas. Y a ello le dedicamos gran parte de la conversación pública.
¿Cosas pequeñas? La disputa por la fecha del Censo, luego de dos paros convocados por la élite cruceña, se envileció tanto que la más reciente acción es minúscula: el gobernador decidió no invitar a ninguna autoridad del Gobierno nacional a los actos de la efeméride. Ya el año pasado había prohibido la iza de la wiphala. Cosa pequeña, pues (no hablo de la autoridad, sino de su actitud). Sería entendible si el señor no invita a su cumpleaños. ¿Pero a un aniversario departamental?
Luego de cinco semanas de movilización y enfrentamientos entre dos dirigencias de los productores de coca de los Yungas, y tras malogrados intentos de mediación/diálogo, el ministro sin nombre convocó a un encuentro. Cosa pequeña: enviar una carta para la reunión (el miércoles a las 16.00), pero no decir dónde. Si no fue algo premeditado, es señal de inutilidad extrema. La respuesta, por supuesto, también es pequeña: como la invitación fue informal, no asistimos.
Cositas. ¿En serio la conversación pública puede empequeñecerse tanto que le dedicamos cuatro días, en especial en redes y medios, a “debatir” y especular sobre el robo del celular de un expresidente, empezando por las conjeturas del propio expresidente? Feíto que te hurten el celular en un evento con los tuyos. Más feíto pretender que ese delito particular se convierta en asunto de Estado. Hay ocasiones en las que el silencio es más digno —y sensato— que el ruido.
Y en el ámbito institucional, el premio a la pequeñez se lo lleva la Asamblea Legislativa Plurinacional, incapaz de construir, por quinta vez, el arreglo político requerido para elegir Defensor del Pueblo. Pequeña la mayoría que solo busca imponer una decisión. Diminuta la minoría cuya “victoria” es bloquear toda/cualquier decisión por dos tercios. ¿Cuántas millas hay del “vergonzoso que no se pongan de acuerdo” al “no nos representan” y, de ahí, al “que se vayan todos”?
En la historia corta, creo recordar que hubo un tiempo (pos)constituyente con espacios deliberativos sobre el ejercicio de derechos, la refundación estatal, el horizonte de país. ¿Hubo? La fractura-2019 nos ha dejado polarizados, enojados y pequeños, demasiado pequeños.
FadoCracia ilegítima
1. Tras dos años de clausura “por falta de quorum” (son más dignos el cierre por derribo y la suspensión por mal tiempo), la APLP volvió a la vida, se miró en el espejito- espejito y convocó a votar. Enhorabuena por el gremio periodístico. 2. El problema de las resurrecciones es que el organismo regresa, pero mantiene intactas sus enfermedades y vicios. 3. Así, la Asociación de Periodistas tuvo elecciones. Es un decir, pues con una sola fórmula, se trató más bien de un acto fallido e indecoroso (como las primarias presidenciales de 2019). 4. Y persiste un serio déficit de legitimidad: de más de un millar de afiliados, el nuevo directorio fue votado por menos de 80 habilitados (una cuarta parte ellos mismos). Si eso es “alta participación”, ¿cómo será la baja? 5. Cuando una institución se degrada tanto, no basta vivir de las viejas glorias. Hay que transformarla. 6. Ahora que volvió, maltrecha desde hace más de una década, el reto es abrir la APLP: que sea menos pasanaku instrumental y más casa común de las y los periodistas. 7. Los odios andan sueltos. Que la democracia y el pluralismo, colegas, empiecen por casa.
José Luis Exeni Rodríguez es politólogo.







