El elegante palacio que se levanta en la calle La Perouse, cerca del Arco de Triunfo en el corazón de París, se viste de gala al festejar el primer centenario como sede de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia (ASOM).
Creada en 1922, como una entidad de servicio público tiene por objetivo primordial contribuir al progreso de los conocimientos científicos de los países y continentes de allende los mares, siguiendo las históricas rutas de exploradores y descubridores franceses de todos los tiempos. La ASOM asume la tarea de estudiar los aspectos científicos, políticos, económicos, técnicos, históricos, sociales y culturales de la problemática relativa a los países de ultramar. Para ello, reúne a personalidades francesas y extranjeras competentes, en el marco de un espíritu de completa objetividad y de entero desinterés abarcando los cinco continentes dentro del proceso de mundialización. Estudia con toda independencia los temas que el Gobierno central somete a su consideración, constituyendo una referencia autónoma bajo la tutela del Ministerio de la Enseñanza Superior, de la Investigación y la Innovación.
La ASOM se compone de 100 miembros titulares, 25 libres, 50 miembros asociados y 100 correspondientes. Está constituida por cinco secciones: 1) ciencias históricas, geográficas, etnológicas y lingüísticas; 2) ciencias políticas y administrativas; 3) ciencias jurídicas, económicas y sociales; 4) ciencias físicas, naturales y biológicas; 5) literatura, pedagogía, arqueología y bellas artes. Cuenta con una soberbia biblioteca especializada en asuntos relativos a las civilizaciones africanas, asiáticas y del Caribe.
Teniendo en cuenta que las nuevas dimensiones del desarrollo comprenden un conjunto globalizado en el que compartir el saber toma su sitio: la ciencia es un bien común de la Humanidad, la mundialización de los grandes desafíos del desarrollo, la necesidad de una estable gobernabilidad somete los elementos de la investigación al corazón de la decisión política amoblando puntos de reflexión que se discuten públicamente en las reuniones semanales de los viernes, bajo la inspiración de su divisa fundadora: saber, comprender, respetar, amar.
Por muchos años fui el único miembro de origen latinoamericano elegido a la academia, hasta que en 2018 se recibió al expresidente brasileño Fernando Henrique Cardoso, en su condición de eminente sociólogo, profesor universitario y perfecto francófono.
Las reuniones semanales de la ASOM son siempre motivo de grato y fecundo intercambio de ideas y opiniones, a veces encontradas, sobre los tópicos fijados en la agenda de debates. Indefectiblemente, comienzan con sentidos obituarios de homenaje a los miembros que fallecen regularmente debido a su avanzada edad, motivo para rememorar sus contribuciones al avance de la ciencia y a las dotes personales de aquellos ilustres occisos.
Esas reuniones las cultivo desde el 20 de noviembre de 1998, fecha de mi entronización en la academia con mi tesis sobre Alcides D’Orbigny, el naturalista francés que dejó su casa en La Rochelle para embarcarse hacia Bolivia, cuyos territorios selváticos aun inexplorados los recorrió durante siete años (1826-1833), alternando sus excursiones por el Brasil, la Argentina, Perú y Chile. Me pareció aquel tema, un puente pertinente para enaltecer la cooperación científica de Francia con la América Meridional, tan poco conocida en ese tiempo. Le correspondió recibirme en ese selecto cenáculo al académico Pascal Chaigneau, quien se refirió generosamente a mis modestos méritos para ingresar a la ASOM.
Cien años han transcurrido desde la fundación de esa magna empresa y día que pasa se añaden más laureles a su fértil ejecutoria en los campos de su competencia, bajo la batuta de su secretario perpetuo, el profesor Pierre Geny, secundado por un eficaz equipo administrativo.
Carlos Antonio Carrasco es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.






