Los meses pasados, las universidades han sido parte de la agenda mediática del país como no se vio hace muchas décadas. A raíz de opiniones de personas que no entienden cómo funciona la dirigencia universitaria, ni los procesos internos, se ha creado en el imaginario colectivo un falso concepto sobre los dirigentes estudiantiles y docentes.
Medios de comunicación han sido sorprendidos para cubrir noticias sobre una institución que no conocían más que por rumores o por un efímero paso de formación académica de cinco años; para conocer a cabalidad la dirigencia universitaria se tendría que estar involucrado o estudiar la universidad alrededor de 10 años mínimamente, y medios de comunicación, en su afán de cubrir la noticia, no supieron a quién recurrir ni a quién entrevistar.
En el auge de la dictadura de los años 70 y 80, la dirigencia universitaria era la clase política más temida, porque contaba con intelectuales, operadores y bases activas, porque su lucha fue para recuperar su libertad y el derecho a estudiar. El día de hoy, obviamente que los perfiles de los dirigentes y la forma de hacer política han cambiado de una etapa dictatorial a una democrática.
La diferencia entre estas dos generaciones es amplía en tiempo y calidad, en los años 70 efectivamente se debatían ideas políticas para una lucha armada, en 1985 esa lucha triunfó para darle una mejor calidad de vida a las futuras generaciones. Después de la nacionalización de los hidrocarburos en 2006, la universidad ingresó en un auge económico por el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) y este factor condicionó a toda la dirigencia; hoy ya no se debaten ideas, hoy el factor por el cual se movilizan los dirigentes es solamente por llegar al cargo.
Las ideas, la propuesta educativa, la modernización de la institución no están en el vocabulario de ninguno de los entrevistados por medios. Las entrevistas están plagadas de frases como “son dineros del IDH” y “le hemos metido la denuncia”, donde los coyunturales entrevistados utilizan lenguaje coloquial a pesar de estar siendo formados en la mejor universidad del país y, peor aún, todos dicen ser dirigentes universitarios.
El problema de la universidad no son los dirigentes o la formación de los mismos, el problema es el sistema universitario que, al estar en una bonanza económica, invulnerable a las auditorias y blindado ante el poder político, se ha debilitado internamente tanto que no puede realizar un proceso político sin debilitarse más. Se podría decir que la actual dirigencia universitaria es tan pobre que lo único que tiene es dinero.
La solución para esta coyuntura es conocida hace más de 10 años, todos los rectores la han prometido y ninguno la ha cumplido, y es: el segundo congreso interno universitario, el cual no se realiza desde 1988, siendo la única instancia que puede refundar la universidad desde sus cimientos institucionales más caducos.
El actual rector ha prometido la realización del segundo congreso, pero se está enfrentando ante una arremetida de ataques como nunca antes se ha visto, ataques inclusive de personas ajenas a la universidad; sin embargo, estos ataques tienen una finalidad electoral de su oposición política, que está pendiente de la próxima elección rectoral desde este año.
Durante toda la gestión 2022 se ha visto que existe un grupo al interior de la UMSA que se estaría alistando para la próxima elección rectoral, y que utiliza ataques a la misma universidad como la toma del Monoblok como plataforma de campaña electoral, y como en política todo es válido para ganar, quiere crear una falsa idea de crisis en la universidad para lograr posicionarse, siendo que no existe una crisis, sino una coyuntura preelectoral adelantada.
Juan José Rúa es asambleísta y exdirigente universitario.







