El pasado lunes 7 presencié la masiva marcha de los pobladores de Palca que desde la zona Sur subieron hasta el centro de la ciudad de La Paz, específicamente hasta las puertas del Palacio Consistorial, donde reside administrativamente el Alcalde de la ciudad.
¿Por qué caminaron tanta distancia? Por las pancartas expuestas y los estribillos que vociferaban en su caminata, “por la defensa de sus límites territoriales frente al atropello con demoliciones, avasallamientos y notificaciones” de la que serían víctimas de parte de la Alcaldía de La Paz.
La respuesta del alcalde, nacido en Santa Cruz, Iván Arias, me llamó profundamente la atención, de sindicar que los marchistas de Palca “son loteadores”. Es decir, traficantes de tierras, gente inescrupulosa, de espacios de la Alcaldía de la ciudad. Además, declaró que “lo único que quieren es apropiarse de áreas verdes que no les pertenece y que con esta marcha solo quieren defender el avasallamiento”.
Hay que recordar al Alcalde y sus seguidores que Chuqiyapu Marka fue y aún es una ciudad precolonia y que fue superpuesta por La Paz. Por lo tanto, todos sus habitantes, en este caso los pobladores aymaras de Palca, también son sus antiguos propietarios y legítimos.
Por el proceso de colonización interna que aún sufren, ya no tienen derecho de considerarse propietarios legítimos frente a una Alcaldía que usufructuó y se legitimó como la única propietaria, aunque se llame propiedad estatal municipal.
Después de presenciar la caminata de hombres, mujeres, jóvenes, niños de Palca, uno se pregunta ¿todos son “loteadores”? (a lo mejor alguien sea), pero tildarlos de ser simples delincuentes a todos, es otra forma de discriminación y racismo. Corresponde aplicar a los administradores de justicia la ley contra el racismo y toda forma de discriminación contra el alcalde Arias.
Además, el alcalde Arias, en tono de patrón misericordioso y dadivoso con sus pongos, dijo: “Estos señores que vienen, avasalladores, porque nosotros que les damos desayuno escolar, transporte público…” A pesar que hablamos de democracia, sobre todo la clase conservadora que lo repite siempre, pero sus acciones y su mentalidad continúan con aires señoriales, y que tienen que dominar a los indios.
Más allá de este conflicto territorial, lo que nos hace ver este lío es la política de la ciudad, ¿qué modelo de ciudad se está impulsando? ¿Hacia dónde tiene que crecer la ciudad? La idea de modernización de la ciudad, bajo el nombre de La Paz, con más edificios y más edificios sigue vigente. Se denuncia que un concejal del gobierno municipal de La Paz estaría involucrado en actos dolosos, como la autorización de la construcción de nuevos edificios sin restricciones.
Hoy, en tiempos de fuertes cuestionamientos a los modelos de crecimiento capitalista de las ciudades-edificios, sin espacios verdes… ¿seguimos apostando a esos conglomerados inhumanos e insalubres? ¿Es posible construir una ciudad donde se relativice (o se anule) la construcción de más edificios? ¿Es posible tener una política de la ciudad hábitat? Hasta el momento La Paz subordinó a la antigua ciudad de Chuqiyapu Marka, bajo la óptica de la modernidad habitacional. La zona Sur de la ciudad se ha convertido en la más apetecida y valorizada y, por consiguiente, generadora de mucho dinero. Sin pensar que, en esta región, caso Palca y similares, aún existen comunidades andinas. La defensa de los de Palca, a pesar de los prejuicios y sindicaciones, es una forma de defensa de ese hábitat andino, ligado a la Madre Tierra.
Sin una política de crecimiento sostenible y hacia dónde vamos, hoy se siguen destruyendo espacios arqueológicos, rituales, hasta simples promontorios; por ejemplo, en la curva de la entrada a Obrajes, por capricho de una empresa se aplanó hace algunos años.
Chuqiyapu markan yuririnakaruxa wali jisk’achistu, uñisistu uka ch’iyar jaqi sataxa. Jupakiway kuns munchixa. Arsusiñasawa ¿ janicha kullakanaka, jilatanaka?
Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.






