Poliarquía es una categoría de teoría de la democracia que nos remite inmediatamente a una parte de la obra del profesor norteamericano de la Universidad de Yale llamado Robert Dahl.
Robert Dahl denomina poliarquía al ideal de perfección de la democracia, en el que el gobierno pertenece a muchos. El término poliarquía aparece por primera vez en 1956, en su texto A preface to democratic theory. Desde 1956 el profesor de Yale ha expuesto y reformulado varias veces su teoría de maximización de la democracia. En su clásico texto La democracia y sus críticos (1989), Dahl desarrolla cinco criterios del proceso democrático que colaboran a maximizar a la misma. El primero lo denomina “participación efectiva” y se refiere a que los ciudadanos deben contar con las oportunidades apropiadas y equitativas para expresar sus preferencias políticas. El segundo criterio lo denomina “igualdad de votos” y con él se refiere a que las opiniones y opciones, expresadas por los ciudadanos en el debate, tengan el mismo peso y el mismo valor. El tercer criterio Dahl lo denomina “comprensión esclarecida o comprensión ilustrada” y se refiere a que los ciudadanos deben contar con la información y la comprensión de lo que debaten, es decir, deben saber de lo que hablan, lo que eligen y las consecuencias de lo que eligen, de esta manera el tercer criterio de Dahl no es otro que el derecho a la información y a la comprensión de la misma. El cuarto criterio se denomina “control del programa de acción” y se refiere a que los gobernados tienen la posibilidad de cuestionar e incidir en las decisiones de los gobernantes, es decir, deben existir posibilidades de que los gobernados puedan recuperar el poder de decisión que se otorgó a los gobernantes sobre determinados temas que son de interés no delegable del pueblo. Finalmente, el quinto criterio se denomina inclusión. En una democracia maximizada los ciudadanos deben estar incluidos en todo el proceso democrático, de lo contrario la democracia sería cada vez más una fórmula vacía.
Para Robert Dahl, cada uno de los criterios básicos, pero a la vez ideales, de una praxis democrática prescribe un derecho que es en sí una parte necesaria del orden constitucional de una democracia ideal: el derecho a la participación, el derecho a expresar libremente las ideas, el derecho a que el voto de cada uno cuente igual que el de los demás, el derecho a la información y a buscar conocimiento necesario para entender el asunto de la agenda, el derecho a disentir, y el derecho a participar en condiciones de igualdad en el control final de la agenda y el gobierno. Siguiendo a Robert Dahl, los criterios del proceso democrático suponen a la vez un conjunto de derechos fundamentales que hacen en sí al núcleo de la democracia.
Farit Rojas T. es docente investigador de la UMSA.







