El 10 de febrero los diplomáticos rusos celebramos nuesta fiesta profesional —el Día del Diplómatico, que fue establecido mediante el decreto especial del Presidente de la Federación de Rusia el 31 de octubre de 2002—, homenajeando el 200 aniversario del Ministerio de Asuntos Exteriores de nuestro país.
El día no fue elegido al azar: es la fecha de la mención documentada más temprana (el 10 de febrero de 1549) de la primera institución estatal responsable de la ejecución de la política exterior —Posolski Prikaz (“Departamento de Embajadas”). El zar Iván el Terrible puso a la cabeza del flamante organismo a uno de los hombres más ilustres de aquella época, Iván Viskovati.
En 1720, Posolski Prikaz se transformó en el Colegio para Asuntos Extranjeros. La reorganización de la institución fue condicionada por el cambio de la percepción de Rusia a nivel internacional, así como por el papel que empezó a desempeñar nuestro país después de haber ganado en la gran guerra del Norte, mientras que Pedro el Grande asumió el título de Imperador en 1721.
En 1802, durante el gobierno del emperador Alexander I, el sistema del poder ejecutivo del Estado fue modificado una vez más: los colegios se abolieron, en su lugar se constituyeron ocho ministerios, entre ellos el Ministerio de Asuntos Exteriores. Su primer ministro Alexander Vorontsov creó una Cancillería provisional, que más tarde se transformó en una institución bien estructurada y multifuncional.
La victoria de la Revolución de octubre de 1917 dio inicio a una etapa absolutamente nueva para la política tanto interna como exterior del joven Estado comunista. La diplomacia rusa experimentó ciertas transformaciones. Se instituyó la Comisaría del Pueblo de Asuntos Exteriores (CPAE).
A partir de 1991 se estableció un nuevo Estado democrático, siendo este sucesor de la URSS. Basada en el pragmatismo y multilateralismo como alternativa a la hegemonía occidental, la política exterior de Rusia se concentró en defender los intereses estatales frente a la expansión de la OTAN, así como contrabalancear el poderío estadounidense.
El mundo de hoy crea muchos retos para la diplomacia rusa. El sistema de las relaciones internacionales está atravesando una grave crisis debido a los intentos de EEUU y sus lacayos de proteger la hegemonía norteamericana. A finales de 2021 Rusia preparó y envió a sus socios occidentales las propuestas sobre la estabilidad geoestratégica y garantías jurídicas de seguridad para nuestro país, entre ellas que la OTAN no se expandiera hacia el Este, inclusive el territorio ucraniano. No obstante los países occidentales hicieron caso omiso a dichos intentos de Rusia. Consecuencia de aquello, no nos quedó otra opción que lanzar una operación militar especial con el fin de defender a sus habitantes y acabar con las amenazas a la seguridad de Rusia. En estas circustancias los países occidentales, en vez de coadyuvar al diálogo y diplomacia, optaron por suministrar armamentos a Ucrania, prolongando de este modo el conflicto y luchando contra nuestro país “hasta el último ucraniano”.
En cuanto a la palestra internacional, los Estados occidentales encabezados por EEUU, en su deseo ya ni ocultado de infligir una derrota estratégica a Rusia, siguen violando deliberadamente el derecho internacional, provocando las crisis financiera y alimentaria, rompiendo la estructura de cooperación global. Sin embargo, incluso bajo esta presión sin precedentes, la Federación de Rusia demuestra ser un socio muy responsable de la comunidad internacional al seguir cumpliendo todos sus compromisos sin ceder en algún momento los intereses del pueblo ruso. Rechazaremos todos los intentos de intervenir en nuestros asuntos internos, así como condenaremos tales prácticas en contra de otros Estados que ejercen una política soberana e independiente.
En este contexto, agradecemos al Gobierno boliviano el hecho de que, al igual que la mayoría de los países, se haya negado a sumarse a las restricciones ilícitas antirrusas, sobre todo tomando en cuenta los intereses de Bolivia y su propio pueblo en vez de convertirse en los satélites de los neocolonialistas del siglo XXI. Esperamos que una cooperación mutuamente ventajosa entre nuestros Estados se siga intensificando, redundando de esta manera en provecho de los pueblos ruso y boliviano. Consideramos a Bolivia nuestro socio seguro y estratégico.
Mujámmad Timurzíev es agregado de Prensa de la Embajada de Rusia en Bolivia.







