En 1914 en Estados Unidos, uno de sus empresarios más exitosos, Henry Ford, lanzó la propuesta de incrementar los salarios de sus trabajadores en más del doble que los demás empresarios planteaban; de igual manera que en Bolivia, los empresarios decían cómo era posible, que iban a entrar en quiebra sus empresas, que ese aumento generaría inflación y otros argumentos financieros.
Sin embargo, ese aumento superior ocasionó que los mismos obreros compraran los vehículos que fabricaban. Como diría mi abuelita, “del mismo cuero sale la correa”. Este fenómeno no solo se da en Estados Unidos, si analizamos la microeconomía, tenemos que las personas y/o familias, cuando disponen de mayores ingresos (incremento salarial), sus gastos también se elevan, vale decir que cuando la ciudadanía tiene más dinero en el bolsillo se incrementan los gastos hasta del sector informal, vale decir que tengo dinero hasta para comprarme más de un dulce de la calle o una bolsita de cuñapé, con lo que indirectamente estaríamos ayudando a más familias.
En un razonamiento microeconómico, si el Gobierno estableció normativamente que el sector productivo debe abastecer prioritariamente el mercado interno, es lógico determinar que el incremento de los salarios también se expresará en un aumento del consumo; estoy segura de que hasta aquí algunos analistas indicarán que no todas las personas incrementan su gasto, y podemos ir al extremo que las familias, por la supuesta “crisis económica”, destinen todo al ahorro. Aun así se benefician los empresarios y gente emprendedora, porque el sistema financiero contará con más recursos para dar préstamos.
Desde el punto de vista del empresariado, evidentemente causa responsabilidad el incremento de salarios a su personal, ya que el efecto de éste extenderá sus costos de producción, pero si la visión del empresariado va a ser solo ver el lado del costo, olvidándose que dicho incremento puede ser considerado como un incentivo al crecimiento de las ventas.
Este círculo virtuoso de incrementar los sueldos para extender las ventas ya se dio históricamente en varios países. Económicamente, este incremento también será un incentivo a elevar la producción, más aún teniendo en cuenta que la normativa vigente hace que los productores garanticen la suficiente cantidad de artículos para abastecer el mercado interno.
No olvidemos que similar situación se dio en el sistema financiero. En la década anterior, el gobierno redujo la tasa de interés para préstamos de vivienda y producción. La primera reacción de los empresarios bancarios fue decir que esto reduciría las ganancias de los bancos, que se distorsionaría las tasas de interés de todo el sistema bancario y otros argumentos; transcurridos los años se vio que la cantidad de préstamos se elevó, que la tasa de mora disminuyó a menos del 2% anual, la banca ganó como nunca antes.
Otorgar un incremento salarial en forma nominal, aparentemente perjudicaría a los empresarios; sin embargo, este incremento no solo beneficiará a los trabajadores, sino favorecería a la economía en general, para lo cual es necesario que las partes involucradas dejen de lado las premisas tradicionales y ver el lado positivo, como tal lo demostró Henry Ford, que rompiendo esquemas tradicionales obtuvo mayor beneficio financiero.
Griselda J. Chambi Quispe es licenciada en Contaduría Pública.







