viernes 12, junio 2026
ANÚNCIATE
SUSCRÍBETE
HEMEROTECA
No Result
Ver todos los resultados
La Razón
Logo Escape Logo Marcas Logo Animal Político Logo Energías y Negocios
  • Portada
  • Opinión
  • Secciones
    • Economía y Empresa
    • Nacional
    • Mundo
    • Ciudades
    • Sociedad
    • Espacio Empresarial
    • La Revista
  • Nuestros Productos
    • Marcas
    • Energías y Negocios
    • Escape
    • Animal Político
    • Extra
  • La Razón PLUS
  • Contacto
La Razón
  • Portada
  • Opinión
  • Secciones
    • Economía y Empresa
    • Nacional
    • Mundo
    • Ciudades
    • Sociedad
    • Espacio Empresarial
    • La Revista
  • Nuestros Productos
    • Marcas
    • Energías y Negocios
    • Escape
    • Animal Político
    • Extra
  • La Razón PLUS
  • Contacto
No Result
Ver todos los resultados
La Razón
No Result
Ver todos los resultados

100 años: Masacre de Uncía

La multitud fue dispersada a bala, dejando tras de sí una gran cantidad de muertos y heridos

jose_pimentel_castillo.jpg

José Pimentel Castillo

Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en WhatsappCompartir en
Por José Pimentel Castillo
/ junio 13, 2023
en Voces

El 4 de junio se conmemoró 100 años de la Masacre de Uncía, suceso que conmovió al país por la forma sangrienta en que el Estado defendía por encima de todo los intereses de la oligarquía minero-feudal.

Con el triunfo de los liberales en la guerra civil (1898) se consolidó el desarrollo de la minería del estaño y la implantación del centralismo con su capital, La Paz. Las banderas agitadas contra los conservadores: federalización, desarrollo con la iniciativa privada, la creación de un poderoso ejército nacional, el desarrollo de la educación, tierra para el indio y la justicia social para el obrero, no dejaron de ser consignas para lograr incorporar a la pelea a los indígenas con Zarate Willca y los mineros de Colquechaca y Corocoro; al final las cosas quedaron como siempre, consolidándose un Estado donde una minoría de empresarios mineros y hacendados podía ensanchar y precautelar sus intereses.

Los intereses privados ligados a los extranjeros cambiaron el país. Antes de que se firmara la paz (1904), se permitió que capitales chilenos llegaran al país y se adueñaran de las minas: Corocoro, Llallagua, Huanuni, San José, Totoral, Colquechaca, Colquiri; se construyeron los ferrocarriles Antofagasta-Oruro (1892) y Arica-La Paz (1913); el volumen de las exportaciones subió: en el estaño llegó a 29.280 TMF (1918) y en el cobre a 23.812 TMB (1915), cifras nunca más alcanzadas.

Lea también: Piedras en el camino

Las mercaderías del exterior invadieron el mercado nacional desplazando la producción propia, el azúcar y el arroz que venían de Santa Cruz fueron sustituidos por el argentino y peruano; el trigo y la harina de Cochabamba por una de origen chileno y norteamericano; la bayeta y el tocuyo originarios sustituidos por telas persas y casimires ingleses. La modernidad tenía un costo: el saqueo de nuestros recursos naturales y la explotación de indios y obreros.

Jaime Mendoza, al referirse a Uncía, expresaba: “Esta es la tierra riquísima en que yo soñé como un iluso. ¿Dónde está la grandeza?, ¿dónde está la plata? Yo no veo aquí más que miseria.” Esta situación era resistida por los obreros con tumultos que no eran sino expresión de su impotencia frente al capital; para controlarlos, desde 1905 se fijó la presencia militar en la región.

En 1923 la lucha tomó otro carácter; las fuerzas vivas de Uncía convocaron a una marcha y mitin con motivo del 1 de Mayo, se concentraron más de 5.000 personas, acordando crear la Federación Obrera Central de Uncía (FOCU) a la cabeza del minero Guillermo Gamarra; a la par, se solicitaba la expulsión del súbdito chileno Díaz, gerente de la empresa minera Llallagua, concordando con el presidente Bautista Saavedra, que en su campaña electoral había levantado la consigna “Volver a Antofagasta”. La FOCU agrupaba a la diversidad de trabajadores que vivían en la región: mineros, empleados, artesanos, sastres, peluqueros, abogados, todos sectores de trabajadores que habitaban la urbe, con cerca de 35.000 habitantes. Su estructura era territorial y no se circunscribía a una relación obrero-patronal, al contrario, implicaba la unión de todos en una especie de central popular.

El pliego fue entregado al representante presidencial; la respuesta fue la dictación del estado de sitio; las fuerzas represivas fueron reforzadas con la presencia de cuatro regimientos; posteriormente, el 4 de junio, fueron detenidos los principales dirigentes de la FOCU y otras personalidades de Uncía, supuestamente comprometidos con trajines subversivos; la población se volcó a la plaza Alonso de Ibáñez, donde se ubicaba la subprefectura y estaban los detenidos, para exigir su libertad; la tensión aumentó cuando a las cinco de la tarde se sumaron los mineros de la punta que salieron del trabajo; los dirigentes Gamarra y Rivera pidieron a la multitud que se retire sin provocar conflicto. Nadie se movió, al contrario, se agitó cuando llegó Diaz; el repudio de la gente fue contestado con un disparo del gerente a un trabajador, mientras el mayor Ayoroa disparó su ametralladora; fue la señal para que la tropa descargara su fusilería. Ayoroa en su informe al Presidente señala: “se dispararon aproximadamente dos mil tiros sin dar en el blanco”, para dar “un serio escarmiento” a quienes “pretendan formar algo así como un soviet”, “me vi obligado a hacer uso de mi ametralladora con el resultado de 4 muertos y 11 heridos”.

La realidad fue otra. La multitud fue dispersada a bala, dejando tras de sí una gran cantidad de muertos y heridos, los que serían rematados y recogidos para ser amontonados como leña; luego fueron incinerados en los hornos de calcinación o arrojados a los cuadros de los veneristas; las calles se lavaron para no dejar huellas. Se procedió a la persecución, detención y confinamiento de cualquier sospechoso, la gente huía. La capital de la provincia Bustillo se vio desierta en los 22 meses que duró el estado de sitio y la declaratoria de zona militar.

Honor y gloria a los mártires obreros.

(*) José Pimentel Castillo fue dirigente sindical minero

en tendencia: columnistasOpinión

Noticias Relacionadas

El límite de un Estado en quiebre
Sergio J. Pérez Paredes

Sindicalismo y Estado

¿El paso del tiempo borra las heridas…  y las deudas tributarias?
Yafar Yamir Rodríguez Ramírez
TRIBUNA

¿El paso del tiempo borra las heridas… y las deudas tributarias?

Minorías en las carreteras, mayorías en  las urnas
Freddy Rivas Orozco
TRIBUNA

Minorías en las carreteras, mayorías en las urnas

Ciudadanía Digital en Bolivia: ¿Evolución o relanzamiento? Una aclaración para el aula

Masificación vs. Aprendizaje: La brecha invisible que separa a colegios fiscales de privados

franz_lazarte_columnista.jpg
Franz Lazarte Escobar

China propone estabilidad, EEUU lleva vacío y sanciones

10 años de aporte al Cambio Climático
Christiam Max Cordero Rocha
TRIBUNA

¿Tendremos nuevamente un ‘Gran San Juan’?

Noticias más vistas

Plugin Install : El widget de publicación popular necesita JNews - View Counter para instalarse

La Razón, medio de comunicación digital líder en noticias de Bolivia y el mundo, conecta a su audiencia a través de todas las plataformas digitales. Con una sólida presencia en redes sociales, programas de streaming innovadores, y el revolucionario e-paper, nuestro periódico digital inteligente, ofrecemos información confiable, ágil y al alcance de todos.

Síguenos en redes sociales:

Facebook
Twitter
Youtube
Instagram
TikTok
LinkedIn
Twitch
Threads
Whatsapp

Dirección: Colinas de Santa Rita s/n,
Alto Auquisamaña (Galpón de La Razón)
La Paz - Bolivia

Correo electrónico:
[email protected]

WhatsApp:
+591 71560184

© 2021-2025 COMUNICACIONES EL PAÍS S.A (Desarrollo web Arcadia SRL)

No Result
Ver todos los resultados
  • Opinión
  • Secciones
    • Economía y Empresa
    • Nacional
    • Mundo
    • Ciudades
    • Sociedad
    • Espacio Empresarial
    • La Revista
  • Suplementos
    • MARCAS
    • Energías y Negocios
    • Escape
    • Animal Político
    • Extra
  • La Razón PLUS
  • Contacto