Durante el último medio siglo, Israel ha profundizado su control a través de la expansión de asentamientos en Cisjordania, llegando a un punto que hace que la retirada militar sea cada vez más improbable.
Netanyahu ha impulsado las políticas de anexión de Cisjordania a Israel. La última maniobra burocrática de su nuevo gobierno de extrema derecha es la oficialización de la anexión al iniciar el proceso de transferencia de muchos de los poderes que supervisan Cisjordania, pasando de ser ostentados por líderes militares a serlo por civiles en una nueva violación del derecho internacional.
Desde el principio, Israel buscó establecer su soberanía unilateral en Cisjordania. Durante décadas, mientras los sucesivos gobiernos israelíes hablaban amablemente al mundo sobre el futuro estatus de los territorios palestinos ocupados y su resolución a través de negociaciones, sobre el terreno las acciones de los gobiernos sionistas ofrecían una historia muy diferente.
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Según Peace Now (ONG israelí), desde 1967 Israel ha construido en Cisjordania más de 130 asentamientos y ha ayudado a construir unos 140 puestos de avanzada. En la actualidad, 750.000 colonos israelíes viven en la zona, habitando en Jerusalén unos 230.000. Los asentamientos son un crimen de guerra.
Los colonos israelíes disfrutan de plenos derechos civiles y políticos y están estrechamente conectados con la infraestructura y los recursos israelíes, residiendo junto a los millones de palestinos que se encuentran bajo la ocupación del gobierno militar israelí. Muchas ONG israelíes e internacionales han comparado este complejo sistema con el apartheid.
A pesar de la indiscutible evidencia de que Israel está ejerciendo su soberanía en Cisjordania, el mundo no ha tratado las acciones de Israel como una violación de los principios básicos del derecho internacional que prohíben la anexión unilateral de los territorios ocupados por la fuerza.
La brecha entre las palabras y las acciones de Israel en Cisjordania comenzó a cambiar en 2017 con el acuerdo del siglo del expresidente Trump. Los funcionarios del entonces gobierno de Netanyahu comenzaron a discutir planes para anexar unilateralmente Cisjordania a Israel. A principios del mencionado año, el partido gobernante, el Likud de Netanyahu, aprobó una resolución pidiendo a sus diputados que «persiguieran» la anexión total de Cisjordania.
Posteriormente, en el período previo a las elecciones de Israel de 2019, el surgimiento del denominado «acuerdo del siglo» de la administración Trump preveía la anexión parcial de Cisjordania. Netanyahu anunció en entrevistas con los medios que promovería la «anexión gradual” y la aplicación de la soberanía israelí sobre las tierras de Cisjordania. Netanyahu dijo que acordó la «anexión gradual » con la administración de Trump.
Recientemente, Netanyahu tomó una decisión peligrosa nombrando a un ministro extremista como gobernante de facto de Cisjordania. Netanyahu dijo, en el acuerdo sobre el gobierno de coalición israelí entre el partido Likud y el partido sionista ultraortodoxo, encabezado por el ministro de Finanzas Bezalel Smotrich, de manera clara que «el primer ministro trabajará para formular y promover una política según la cual la soberanía israelí se aplicará a Cisjordania». Este es el trasfondo de la reciente decisión del gobierno de Netanyahu de cambiar la estructura de gobierno formal de Cisjordania mediante la transferencia de muchos poderes administrativos del mando militar al mando civil. Estos movimientos confirmarían cualquier duda que pueda quedar de que Israel está en proceso de anexar, formalmente y por completo, Cisjordania.
La indiferencia de países de primer orden mundial ante el sistema legal cambiante de Israel en Cisjordania tiene consecuencias nefastas para la vida cotidiana de los palestinos bajo la ocupación. El error garrafal de la comunidad internacional no es nada nuevo, ha sido una característica del sistema internacional desde el primer día de la ocupación israelí y no es un defecto accidental.
La prohibición de la anexión unilateral de los territorios ocupados es un principio fundamental del orden establecido en normas dictadas con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial. Si Israel no se responsabiliza, no solo socavará la credibilidad de Occidente, sino que también tendrá un efecto desestabilizador en todo el sistema internacional. Es un paso serio hacia la consolidación del apartheid dentro de la región.
Al hacer la vista gorda ante las “extravagancias” de Netanyahu, la comunidad internacional está dando una receta a otros líderes con tendencias expansionistas para apoderarse del territorio por la fuerza y sin consecuencias.
(*) Mahmoud Elalwani es embajador del Estado de Palestina en Bolivia







