La estabilidad económica es un factor poco debatido en momentos de certidumbre y tranquilidad; en nuestro país se da porque a pesar de afrontar eventos adversos como la pandemia ocasionada por el COVID-19 y el conflicto bélico entre Ucrania y Rusia, los precios de los combustibles se mantienen sin variaciones. ¿Cómo se mantienen estables los precios de los combustibles? Esta pregunta nos lleva a analizar básicamente la subvención a los hidrocarburos, lo que significa que el Gobierno asume una parte importante del costo real de la producción y distribución de los carburantes.
Con el principal objetivo de proporcionar combustibles asequibles a la población boliviana y apoyar el desarrollo económico del país. ¿Quién compra combustible? La respuesta obvia es aquella persona que posee un vehículo, desde un motoquero que realiza distribución de comida, el taxista, el conductor de minibús, micro o flota de pasajeros; también adquieren combustibles las empresas del sector industrial o el pequeño productor que posee un tractor o equipo agrícola; las empresas de la construcción que trabajan con niveladoras, volquetas o mezcladoras.
El jardinero para su desbrozadora o máquina corta césped, comunidades que extraen agua con bomba a motor a diésel o gasolina; aquellos que poseen una barcaza para cruzar el río… la lista es interminable de personas, empresas o industrias que compran combustible subvencionado y muchos de los lectores poseen una máquina que les da el sustento a sus familias o les permite el transporte de ellos mismos o de sus productos.
A este “favorecido grupo” de compradores de combustible subvencionado, debemos añadir a los usuarios que se benefician del transporte, a los consumidores de alimentos que vienen del campo o productos industriales, a los que adquieren servicios… otra lista extensa que engloba a la población boliviana; en consecuencia, ¿a quién beneficia la subvención de los combustibles? La respuesta la dejo para el lector.
A pesar de estos beneficios y beneficiarios, ¿por qué existen críticas a la subvención de los combustibles? Las mismas apuntan al costo fiscal, que dado el caso se entiende como el gasto público que debe asumir un gobierno para mantener estables los precios de los carburantes. ¿Qué implicaría dejar de subvencionar los combustibles en el país?
El Gobierno contaría con recursos disponibles para encarar otras actividades como educación, salud o vivienda, entre otras, esa es la cara bonita de la moneda.
Sin embargo, el efecto inmediato obviamente es el encarecimiento de las gasolinas y del diésel, para mencionar lo conocido; por consiguiente, el “favorecido grupo” ya no lo sería tanto porque pagaría más para llenar su tanque de combustible; incrementando sus costos y afectando su economía.
Para compensar este aumento de precios, indudablemente el conductor de transporte público debe cobrar un mayor precio por pasaje. Eso afecta al resto de la población, y por consiguiente, los comerciantes también incrementarán el precio de los productos y servicios que ofrecen o los trabajadores demandarán un aumento en sus salarios… este resultado se constituye en una bola de nieve que va creciendo o como llamamos los economistas, un efecto multiplicador, que desencadenaría en la tan temible inflación y desestabilización económica.
En consecuencia, luego de este simple ejercicio, pongamos en la balanza por un lado a la subvención y en el otro al incremento de precios de los combustibles (gasolinazo), ¿qué es lo que nos conviene?, la respuesta la tiene usted amable lector.







