El acceso a la información pública es un derecho ciudadano que forma parte del conjunto de preceptos relacionados con las libertades fundamentales de expresión, asociación y reunión. Para adoptar decisiones en los diferentes aspectos de su vida, los ciudadanos necesitan contar con información fidedigna y oportuna relacionada con el ámbito nacional, y en una forma creciente también sobre asuntos internacionales. La agregación y divulgación del cúmulo de información existente en diferentes fuentes nacionales e internacionales en términos de interpretaciones, crónicas y evaluaciones, es una de las principales funciones del sistema de medios de comunicación en sus diferentes modalidades de organización. De esta manera, las libertades de prensa y opinión también son requisitos relevantes para que los ciudadanos cuenten con el respaldo informativo suficiente para saber de las cosas del mundo y para administrar sus intereses, entre otras decisiones de su vida cotidiana.
Estas consideraciones pretenden llamar la atención sobre la importancia de contar con información apropiada respecto de las grandes transformaciones de todo tipo que ocurren en el mundo en esta época, trayendo aparejadas elevadas dosis de inestabilidad e incertidumbre sobre el futuro. Baste mencionar en esta ocasión dos aspectos que modifican profundamente las certezas del pasado. Se trata de la invasión de Rusia a Ucrania, por una parte, y del cambio climático que se ha acelerado en los últimos meses, por otra.
La guerra en Ucrania constituye un conflicto geopolítico que ya ha dado lugar a una modificación del orden internacional surgido del fin de la Guerra Fría y de la implosión de la Unión Soviética y los países del socialismo real de Europa Oriental entre 1989 y 1991. El tablero geopolítico está en plena reconfiguración de alianzas, de redireccionamiento de flujos financieros y de nuevas rutas de abastecimientos militares, energéticos y de alimentos.
Por su parte, el calentamiento global, en cuanto componente principal del cambio climático, se ha acelerado en los últimos años de una manera tal que es probable que pronto supere el límite de 1.5 °C establecido en 2015 en la Conferencia de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Los desastres naturales, inundaciones, sequías y otras calamidades recientes tienen ese origen. La Amazonía cumple una función esencial en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, pero el aumento de la deforestación con miras a expandir la frontera agrícola para la producción de soya y la ganadería perjudica ciertamente la lucha global contra el cambio climático.
También puede leer: Nuevas perspectivas para el segundo semestre 2023
Hago referencia a estos temas en vista de que la próxima semana se llevará a cabo en Bruselas la Cumbre de Jefes de Estado de la Unión Europea con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Se sabe que la cuestión de la Amazonía ocupará un lugar importante en las intervenciones de los presidentes de Brasil y Colombia.
Resulta conveniente señalar que en el contexto de la fragmentación del orden internacional ya se ha consolidado el orden climático global en términos multilaterales, mediante las reuniones periódicas de la Conferencia de las Partes, que se caracterizan por una amplia participación de actores estatales, organizaciones internacionales y representaciones de organizaciones de la sociedad civil. Es en estas Conferencias de las Partes donde se negocian los compromisos nacionales de los límites a las emisiones de gases de efecto invernadero y su contraparte de financiamiento para los países del grupo más pobre del Sur Global.
Todos estos temas necesitan información y acuerdos del Estado con los actores económicos y las organizaciones de la sociedad civil en el país.
Horst Grebe es economista.







